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#ActivismoRSC reflexiona sobre los lenguajes de la RSC, el cambio cultural y el capitalismoLa Sala de Juntas del Rectorado de la Universidad Complutense ha acogido la segunda edición de #ActivismoRSC en el que se ha analizado la RSC desde la disyuntiva “Sostenibilidad o Ideología”, en un foro en el que han participado diferentes grupos de interés, del mundo académico, empresarial, político, sindical, de la comunicación o de la consultoría.
#ActivismoRSC surgió como un espacio de diálogo con todos los grupos de interés y con la evolución de la RSC hay más intereses que stakeholders”, valoró Helena Ancos, directora del Area de Responsabilidad Social Corporativa, ICEI-UCM, durante la inauguración del foro. Para Ancos “en la actualidad la RSC tiene varios discursos y tantos lenguajes como grupos de interés, por eso necesita de una dialéctica más participativa y el diálogo genera esa tensión necesaria para el desarrollo de la RSC y aumento de su confianza”. Esther del Campo, directora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), consideró que “la Universidad tiene que reivindicar ese carácter más humanista para formar mejores profesionales, ciudadanos y personas”. Por su parte, la vicerrectora de la UCM, María Encina González, afirmó que “la Universidad tiene que ir por delante de la sociedad para formar a ciudadanos que lideren proyectos futuros” y que “la RSC tiene que ayudar a que exista una conciencia colectiva global y no tan individualista”.
CAMBIO CULTURAL Antoni Ballabriga, director de Responsabilidad y Reputación Corporativas de BBVA, inició su intervención reconociendo que “el sector financiero está en el centro del huracán, debido a las malas prácticas y el mal gobierno y la banca ha sufrido una pérdida radical legitimidad social más acentuada en países desarrollados que ha venido para quedarse. Quien no sepa leerlo, perderá competitividad”. Por eso, explicó que en BBVA están trabajando para “generar un cambio de modelo cultural para que la RSE cale en toda la organización, sobre todo en la alta dirección y en los mandos intermedios”. “Para que la RSE conecte en las empresas hay que generar una narrativa potente en toda la organización y eso tiene que ser una tarea colectiva, no sólo del departamento de Comunicación o RSE”, reflexionó Ballabriga. “La RSE tiene ideología, como cualquier otra área de actividad, pero en las compañías hay que quitar ese debate ideológico y decir para qué se hace y por qué”, afirmó Alberto Andreu, director Global de Asuntos Públicos de Telefónica, para quien “los que nos dedicamos a esto somos incubadoras de proyectos, tenemos hijos para que otros los cuiden, pero ejercemos una labor de equilibrio en nuestras organizaciones”. Para Andreu “es necesario un cambio lenguaje, de denominación RSE hacia la Sostenibilidad para romper efecto halo de acción social que lastra la función”. Y compartió con Ballabriga que “el futuro de la RSE pasa por generar uncambio cultural, un cambio de pensamiento no centrarse tanto en matrices de materialidad y eso se llevará a cabo cuando al cuánto se incluya el cómo”.
VISIÓN POLÍTICA El diputado del PSOE, Ramón Jáuregui, afirmó que “estoy de acuerdo en que hay que buscar una nueva narrativa RSE, un concepto cultural. Y he llegado a la conclusión de que la única manera es con más ley, porque nadie se convierte a la bondad de la noche a la mañana”. Jáuregui volvió a reconocer que “el principal problema es que la RSE no se ha convertido en una idea motriz, en un motor del cambio durante la última década y no hay una sociedad civil exigente que premie o castigue las buenas prácticas de las empresas para potenciarla”. Jáuregui lamentó que desde la Cumbre del G-20 en Pittsburgh (2009) ningún político haya enarbolado la bandera de que la sociedad necesita empresas responsables: “Sin ir más lejos, el partido del Gobierno en España no ha hablado de RSE en dos años y medio de legislatura, sin querer polemizar políticamente”. “La crisis global ha producido una ruptura en la conexión empresa y sociedad, que es la base de la RSE y contribuir a mejorar la sociedad en la que vivimos es el reto RSE”, prosiguió Jáuregui. “La RSE tiene futuro, pero está por construir”, concluyó. Carles Campuzano, diputado de CiU, coincidió con Jáuregui: “En RSE y en democracia es necesaria la articulación civil de la sociedad y movimientos como el 15M o la Plataforma Afectados por las Hipotecas vienen a cubrir esos huecos”. “El cortoplacismo puede acabar con el capitalismo”, dijo Campuzano, quien valoró que “para que la RSE sea más creíble necesita más reporting, más vinculación al Gobierno Corporativo e incorporar los impactos negativos en los informes”. Además, consideró “que la fiscalidad tiene que jugar un papel fundamental en la RSE, porque no puede pasar como en una de las últimas reuniones de la OCDE en el que las grandes multinacionales estén presionando para no pagar impuestos ni en su país de origen ni donde operan”. En la jornada también participó Pedro Ortún, Dirección E –Industrias de Servicios, DG Empresa e Industria de la Comisión Europea; José Carlos González, responsable Federal de Responsabilidad Social, Inversión Responsable, Sostenibilidad Comfia-CCOO, y Francisco Cervera, economista, voluntario de Economistas sin Fronteras. En una segunda mesa sobre “Activismo e incidencia de la RSE” dieron su punto de vista, Susana Ruiz, responsable de Justicia Fiscal de Intermón Oxfam; Mercedes Gutiérrez, responsable de Sostenibilidad de Ikea; Yolanda Román, gerente de Asuntos Públicos de Inforpress, y Juan Villamayor, director de Business with Common Sense. VIA/CORRESPONSABLES |
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