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“Verde, inteligente y creativo”
Si Chile es modelo para la región y el mundo en crecimiento económico y consolidación democrática, ¿por qué no aprovechar esa atención para ser líder también en desarrollo sostenible? La influencia de Chile en los acuerdos climáticos globales es baja por no decir nula. Es cierto, el país no puede cambiar la dirección del viento porque las decisiones dependen hoy de las grandes naciones, pero sí puede ajustar sus velas prestando atención a la tendencia económica-ambiental para navegar sin problemas hacia el destino que depara la nueva economía mundial, que más temprano que tarde será una economía pro ambiente. Esta tendencia se plasmó en 2006 con el Informe Stern, documento solicitado por el Reino Unido al economista Nicholas Stern, quien planteó que el mundo no tiene que elegir entre evitar el cambio climático o promover el crecimiento y el desarrollo. Al contrario. La estrategia correcta sería hacer frente al cambio climático a favor del crecimiento de los países −ricos y pobres−, ya que de lo contrario el mundo correría el riesgo de un quiebre de la actividad económica y social del nivel de las guerras mundiales y de la Gran Depresión. Tres años más tarde, 20.000 delegados de 190 países se reunieron en Copenhague para la 15 Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La reunión terminó con un acuerdo menor, lejos de las expectativas que se habían creado en torno a lograr un acuerdo mundial de reducción de emisión de C02 para elaborar los primeros borradores que sustituirán al Protocolo de Kyoto, firmado en 1997. El escenario se torna complejo para los gobernantes que bajo los ojos del mundo deben llegar con propuestas tangibles que dependen del apoyo de sus líderes políticos representados en los congresos. En el caso del Reino Unido, los legisladores han conciliado una posición común adoptando medias legislativas que van más allá de las decisiones internacionales. Por otro lado, en Estados Unidos, el desacuerdo entre demócratas y republicanos retarda la ley que propone fomentar la reducción de GEI y compensar las emisiones de CO2. Pero, ¿qué debe hacer un país como Chile? Re-acción Sin embargo, el gran reto sería que Chile se convierta en un país que se diferencie porque a través de su desarrollo económico y social genere carbono positivo y compense a través de su proceso productivo el impacto ambiental de los países desarrollados. Si ocurriera eso, tal vez Chile lograría, a pesar de ser un país pequeño, ser una voz política escuchada y respetada en el debate global de acuerdos vinculantes. Chile ya logró reconocimiento internacional por ser una economía vigorosa y poseer instituciones políticas sólidas, además de excelentes alianzas comerciales. Además, la entrada a la OCDE es una gran oportunidad para llevar adelante mejores prácticas aprendiendo de las lecciones que vivieron otras naciones en su salto al desarrollo. El estudio de la consultora McKinsey sobre la productividad laboral apunta en la misma dirección al concluir que introduciendo mejores prácticas y regulaciones −a corto y mediano plazo− el país podría alcanzar el 76% de la productividad de Estados Unidos y a largo plazo hacia el 2020, podría alcanzar un ingreso per cápita equivalente al que tiene Nueva Zelanda hoy. ¿Algunas ideas? La principal es que Chile debe aprovechar su cualidad de “receta para el éxito” que todos los reconocimientos anteriores implican y la atención mundial que ello conlleva, para liderar las reformas que permitirán al hombre reencontrarse con el planeta: establecer modelos originales de exportaciones La carrera que debería seguir Chile y todos los países competentes es hacia un “Planeta inteligente”, concepto que proviene de una conversación con medidas concretas que inició IBM sobre un “cambio” casi obligatorio en la tecnología disponible y accesible con que contamos. La iniciativa de IBM busca mejorar aspectos como la sanidad, el tráfico, la energía o la administración de ciudades. Entre sus acciones se destaca la creación de una red inteligente que dará servicios a 12.200 usuarios con el objetivo de lograr mayor eficiencia energética permitiendo a las personas conocer en tiempo real su consumo y gasto. Ideas inteligentes y creativas siguen ocurriendo en todo el mundo. China es un ejemplo silencioso y riguroso de las nuevas prácticas inteligentes para adaptarse al clima económico actual y para responder a los cambios con rapidez y eficiencia sin perder el ritmo de trabajo, tratando de mantener la estabilidad social, ante las crisis producto del cambio climático. China ha implementado políticas y medidas, incluyendo la reestructuración de la economía, frenando proyectos de alto consumo, la aceleración del desarrollo de la industria de servicios, desarrollo de energías limpias, aumento en la capacidad de I+D sobre cambio climático y tecnologías amistosas con el medio ambiente. En otras proporciones, Chile también debe caminar hacia un planeta inteligente aprovechando una riqueza natural envidiable con condiciones ideales para la producción de diversos tipos de ERNC que podrían transformar al país en un importante eje para la exportación de energías limpias. En suma, Chile debe embarcarse rumbo a un planeta inteligente y creativo sin olvidar que no se trata de ser primeros, sino de llegar con todos y a tiempo. VIA/ PROHUMANA |
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