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![]() Medir la inversión social: un desafío real para las empresasPor Lorena Herrera. Gerente de Sostenibilidad y Cambio Climático de KPMG Chile Durante los últimos años, las empresas han realizado cambios en sus estrategias de inversión social y comunitaria, donde se han alejado de la filantropía pura y han emprendido nuevos caminos que permiten agregar valor a la sociedad y realizar iniciativas que generen beneficios compartidos en el ámbito financiero, social y ambiental.
En la actualidad, las compañías deben alinear sus estrategias de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) con los objetivos del negocio. Las empresas pueden utilizar su dinero, sus productos y las habilidades de sus empleados para combatir algunos de los problemas más grandes que enfrenta la sociedad como: la pobreza, la adaptación al cambio climático y el acceso limitado a los cuidados de salud; educación; agua potable, alimentos, etc. Una clara estrategia de inversión social permite a las compañías enfocar sus acciones de manera más eficaz, esto con la finalidad de maximizar el impacto social. Las organizaciones han descubierto que desarrollar buenas prácticas de gobierno corporativo, ayudan a hacer más eficiente, ética y transparente su gestión de RSE. No se trata de continuar con las acciones de filantropía, sino de desarrollar compromisos -a largo plazo- con grupos de interés. La inversión social también puede crear oportunidades importantes para los negocios, incluyendo la posibilidad de permitir a las compañías cumplir con los requisitos de ley, asegurar una licencia social para operar, mejorar su reputación, atraer personal capacitado, incrementar el nivel de compromiso de la fuerza laboral y desarrollar productos y mercados nuevos. Los reportes de las 100 compañías más grandes del mundo y sus fundaciones determinaron que las empresas invierten el equivalente a 2,5% de las ganancias (libres de impuesto) en programas sociales. El estudio titulado: “El valor de la inversión social” de KPMG, refleja que la mayoría de las compañías se concentra en medir y reportar las contribuciones económicas, donaciones de productos y actividades de voluntariado; pero pocas reportan el impacto de su gestión de RSE. Todas las compañías investigadas discutieron sus datos de entrada y salida, lo cual refleja la necesidad por hacer seguimiento a las contribuciones realizadas y obtener resultados inmediatos. También se refleja que la mayoría de las empresas poseen estrategias de inversión dispersas. En promedio, cada organización invierte en cinco áreas sociales diferentes, lo que sugiere que no tienen un enfoque bien definido. El análisis revela que 79% de las organizaciones discute sus estrategias de inversión social, pero sólo 32% reporta una estrategia detallada. Según el estudio, las compañías farmacéuticas son las más estratégicas, pues invierten en el área más relevante para su negocio: la salud. El punto de partida para la evaluación de un programa de inversión social es la “teoría del cambio”. Este marco ampliamente utilizado ayuda a las compañías a comprender cuáles son las contribuciones que se hacen a cada programa y el cambio (o el impacto) resultante. El proceso de medir y reportar el impacto social puede ser complejo. Sin embargo, las empresas están enfocando sus esfuerzos y dando los primeros pasos para medir los impactos de su inversión social en el tiempo. En tanto se logre perfeccionar los mecanismos de medición de la gestión de responsabilidad social, las empresas podrán ser más eficientes y responderán a las necesidades de la comunidad. |