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![]() Innovar o morirPor Hernán Orellana, Director de PROhumana Todos los días escuchamos o leemos noticias acerca de un nuevo avance tecnológico que rápidamente superó a su versión anterior o un nuevo emprendimiento de base tecnológica que creó un negocio que hace nada no existía o que aún no ha vendido nada y ya vale decenas de miles de millones de dólares. La mayoría de las veces observamos estos acontecimientos sin preguntarnos cómo estos cambios afectan a nuestro negocio, como si estos hechos ocurrieran en un mundo alejado, totalmente ajeno a nuestra realidad. La verdad es que el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa, modificando en particular los modelos de negocios de casi todas las industrias. Chile no está ajeno a este fenómeno! La última gran tendencia es la desintermediación, producto de la madurez alcanzada por Internet en el mundo de los negocios. Vemos que nuevos emprendimientos tecnológicos como Uber (taxis) y Airbnb (arriendo ocasional) se posicionan con nuevos modelos de negocios en segmentos altamente consolidados. No nos sorprende saber que en la competitiva industria del Retail la empresa Amazon.com haya sobrepasado en valor bursátil a Walmart. Si miramos hacia otros sectores como la banca, la educación, la entretención, la salud, e incluso la democracia, ellos están enfrentando desafíos transformacionales de gran importancia. La próxima gran ola tecnológica que será Internet de las Cosas, promete un impacto en productividad en la economía industrial global que será de 10 a 15 billones de dólares en los próximos 20 años, equivalente al tamaño de la economía de EEUU. La primera reacción a lo anterior es la negación: “nuestro negocio está muy alejado de esta realidad” o “a Chile esto tardará en llegar”. Malas noticias para las empresas chilenas porque el mundo está globalizado hace mucho tiempo y gracias a Internet estos cambios llegan en forma instantánea. Ciertos oligopolios que han gozado de protección casi natural hasta ahora están fuertemente amenazados. La segunda reacción es minimizar el problema: “nosotros ya innovamos pero no medimos” o “ya somos una empresa innovadora”. Para que una empresa se declare innovadora debe generar al menos el 20% de sus ventas anuales en productos desarrollados en los últimos 3 años o invertir al menos un 3% de sus ventas anuales en Investigación y Desarrollo (I+D) o en proyectos específicos tendientes a desarrollar nuevos productos o servicios. Una empresa con una cultura innovadora es una empresa que en forma consistente hace lo siguiente: en primer lugar le pregunta a sus clientes cuáles son sus problemas; en segundo lugar le pide a sus empleados que analicen y busquen soluciones a estos problemas (y les da tiempo para ello); y en tercer lugar, en base al trabajo anterior, genera una lista de proyectos potenciales, los evalúa y ejecuta al menos los de mayor retorno. Así de simple y concreto. Efectivamente son muchas las empresas que hacen este ejercicio, de alguna forma y de cuando en vez. El desafío es hacerlo en forma sistemática y metodológicamente, con personas asignadas a velar por el fiel cumplimiento del proceso y con el compromiso de la alta gerencia de invertir los recursos requeridos. La innovación así planteada no es algo mágico, de generación espontánea, ni es un invento de ciertos genios locos, sino que es el resultado del trabajo arduo y consistente de personas normales y corrientes que dentro de su empresa son motivados a mirar hacia el futuro con la pasión y dedicación que sus clientes se merecen. Sólo el 10% de las empresas más grandes del mundo que el año 1955 estaba listada en Fortune 500 sobrevive al día de hoy, 60 años después. La “expectativa de vida” de una empresa Fortune 500 de aquellos años era de 75 años. Hoy, esa expectativa ha caído a 15 años y continúa disminuyendo. Esta “destrucción creativa” es un signo positivo de una economía moderna y saludable, que refleja un mercado innovador y muy enfocado en los clientes… y cómo andamos por casa? |