Columna de Gerardo Wijnant, Gerente General de COMPARTE.
Hace 60 años, en Europa y Estados Unidos, un movimiento apostó a enfrentar la inequidad a través del apoyo directo a pequeños productores y artesanos, entregándoles viabilidad comercial a sus productos. Se ha ido profesionalizando con el tiempo mediante sellos y certificaciones; más tarde, se han levantado campañas masivas, tiendas de comercio justo y se ha involucrado a la ciudadanía. Un paso que en Chile podría darse en el mediano plazo.
El comercio justo, optar por compras éticas más el deseo de tener una vida más sana y con respeto al medio ambiente son prácticas que han prendido con fuerza, esencialmente en Europa y en Estados Unidos, debido a la existencia de un consumidor más conciente y responsable de lo que compra. En Chile, este tipo de consumidores ha ido apareciendo lentamente. Lo podemos observar en las cada vez más frecuentes ferias de productos orgánicos, en la gente que opta por el uso de la bicicleta en vez del auto o en los movimientos que defienden una producción local a mediana escala, con énfasis en productos sanos, inocuos, cuya producción no afecta el medio ambiente y no conlleva utilización de trabajo infantil .
El consumo responsable no implica sólo al consumidor, sino a la sociedad en general, al sector privado y público; a las empresas y distintos estamentos fiscales con sus prácticas de responsabilidad social.
En otras naciones se han levantado campañas de sensibilización respecto a un consumo ético que integra, no sólo a los consumidores, sino a las ONGs, supermercados, empresas y estamentos fiscales. Además, se han creado los sellos de certificación que aseguran la elaboración de los productos bajo ciertos estándares de responsabilidad con el medioambiente, asegurando condiciones de trabajo dignas de los productores.
En el comercio justo, por ejemplo, existe, entre otros, el sello que entrega World Fair Trade Organization (WFTO), la federación mundial de comercio justo, que certifica a las organizaciones que trabajan con pequeños productores y artesanos que cumplen con estándares de comercio justo. Es el caso de COMPARTE.
En los 90 se desarrolla con éxito el sello FSC para productos elaborados a partir de la madera, garantizando procesos de producción sustentables, contribuyendo a evitar la deforestación mundial que enfrenta el planeta. Según FSC en el mundo existen 135 millones de hectáreas certificadas repartidas en 81 países. Significa que en estos predios existe un riguroso control del manejo forestal en todas sus etapas. Chile también alberga 555 mil há. certificadas vía FSC.
Junto a los sellos, en países como España se han realizado campañas masivas para concientizar a la ciudadanía, a las administraciones públicas y a las empresas privadas sobre la necesidad de realizar un consumo responsable. Experiencias exitosas como la campaña “Madera Justa”, impulsada por la ONG española Comercio para el Desarrollo (COPADE) y FSC de España, apuntan a un consumo responsable de productos forestales, demostrando que sí es posible involucrar a los diferentes sectores de la sociedad para trabajar en pos de mecanismos de producción medioambientalmente sostenibles y que potencien el desarrollo local de las comunidades.
En Chile, si bien aún no hemos logrado gestar una iniciativa como la anteriormente descrita, hemos iniciado un plan de colaboración entre nuestra institución (COMPARTE), COPADE de España, FSC y ProChile con miras a implementar un esquema similar de trabajo.
Nos impulsa el constatar que cada día existe una mayor conciencia de los chilenos que optan por una compra ética. La organización Ciudadano Responsable así lo demuestra con su estudio sobre Caracterización del Consumo Responsable en Chile (julio, 2010). En éste se constata que, al menos, un 6,5% de los chilenos realiza ciertas prácticas catalogadas de responsables, como evitar dejar luces encendidas, separar la basura, reutilizar el papel planificar las compras de alimentos, esperar que los alimentos se enfríen antes de dejarlos en el refrigerador, optar por productos orgánicos, entre otras.
En este tipo de ciudadano encontramos la semilla inicial para gestar un movimiento más amplio y que aúne a la sociedad en general. La campaña de Madera Justa es un buen ejemplo. Si cada vez más las empresas están apostando a generar prácticas responsables y un porcentaje de ciudadanos está optando por productos más sanos, averiguando su origen y las formas de elaboración y quién está detrás de lo que compra, creo que no pasará demasiado tiempo hasta que el movimiento incorpore más adeptos y se articulen redes, que integren a los diferentes estamentos de nuestra sociedad en Chile.
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