Alwine Woischnik, Doctora en CC. Económicas y Sociales (Univ. de Nuremberg/Alemania). En España ha sido miembro del Consejo Asesor de Medio Ambiente del gobierno. En la actualidad desempeña su labor en CONAMA.
Los “eco-negocios” son negocios vinculados a la protección ambiental en su más amplio espectro. Incluyen la producción, venta, aplicación, transferencia, implementación y mantenimiento de la tecnología ambiental. A esto se añade toda la gama de servicios ambientales (ingeniería, consultorías, etc.) y los “nuevos nichos”, como la agricultura orgánica o el turismo basado en los atractivos de la naturaleza.
Estos bienes y servicios ambientales componen el llamado “mercado ambiental” que ha experimentado un fuerte crecimiento y una consolidación a nivel internacional. A principio de los años 90 del siglo pasado, este mercado presentaba una facturación de aprox. US$ 200.000 millones. En el 2010, y según estimaciones de diversos organismos internacionales, dicho mercado sobrepasaría a los US$ 600.000 millones.
Existen varios factores determinantes que explican el surgimiento (en los años 70) y la evolución del “mercado ambiental” en los países desarrollados: la presión de la sociedad civil, los instrumentos legislativos y económicos, la demanda de los consumidores, la adaptación del mundo empresarial, etc.
Los “eco-negocios” desataron tempranamente la competencia orientada a afianzar y lograr mayores cuotas de mercado entre los países líderes en tecnología ambiental (Estados Unidos, Alemania o Japón), dadas las buenas perspectivas que significaba este mercado para el comercio internacional. Estos países elaboraron estrategias para prestar apoyo y ayuda financiera a sus empresas en el sector de la tecnología ambiental para que aumenten sus cuotas de exportación. Hoy en día, tanto la Unión Europea como los EE.UU. quieren convertirse en los líderes mundiales en materia de energías renovables. Entendible esto en el marco de la lucha contra el cambio climático, pero nuevamente clave como importante factor económico.
Los efectos de la protección ambiental sobre el empleo pueden ser positivos o negativos. Sin embargo, los estudios realizados demuestran que per saldo la protección del medioambiente no destruye, sino que crea empleo. En el 2006, en el caso alemán, el 4,5% del total de la fuerza laboral estaba vinculada directa o indirectamente al medioambiente. En Austria, este porcentaje incluso llega al 4,8%. Y en España, país que se incorporó más tardíamente a la producción limpia y al cuidado ambiental, el “empleo verde” alcanzó en 2009 el 2,8% de la fuerza laboral total.
A nivel internacional, un estudio realizado en el 2008 por el Worldwatch Institute por encargo del PNUMA, conjuntamente con la OIT y organizaciones empresariales y sindicales (OIE y CSI) concluyó que solamente en el ámbito de las energías renovables, el empleo alcanzó en todo el mundo a más de 2.332.000 personas.
¿En este panorama, dónde se sitúa Chile? En el 2004, se calculaba que el mercado ambiental, cuyo volumen representaba aprox. el 1% del PIB nacional, experimentará un crecimiento entre el 8% y el 10% anual en los próximos años. Para América del Sur, el Ifo-Institut, Instituto para la Investigación Económica de Múnich/Alemania, estimó en 2005 un aumento promedio anual de un 9%.
Los desafíos del país en materia ambiental pueden convertirse en oportunidades. La aplicación e inversión en tecnologías y servicios ambientales generan beneficios económicos a las empresas (aumento de la competitividad, reducción de costos por un menor consumo de energía, agua y sustancias químicas). Por otra parte, permiten la creación de nuevas empresas que sepan responder a las demandas de los consumidores –y del Estado– por unos productos y servicios ambientalmente sostenibles. En este contexto, las PYMES requieren políticas públicas que incentiven y fomenten el “emprendimiento verde”.
En cuanto a los “empleos verdes”, estos existen desde hace años en Chile, en ámbitos como tratamiento de residuos, reciclaje, gestión y tratamiento de aguas, descontaminación del aire y del suelo, revistas especializadas, etc. Junto con esto, hay un gran potencial futuro: desarrollo de tecnologías ambientales propias, fomento de energías renovables, arquitectura bioclimática, ingeniería y consultorías (estudios de impacto ambiental, huella de carbono, certificaciones, etc.), turismo de naturaleza, agricultura orgánica, vinicultura biodinámica, etc., etc.
De allí, la necesidad de realizar estudios que cuantifiquen las potencialidades económicas en materia ambiental, y que contabilicen los puestos de trabajo ya creados y que señalen las potencialidades para el empleo futuro.
El ingreso de Chile a la OCDE significa –entre otros– tener que alcanzar a mediano plazo la “convergencia ambiental” con los demás países miembros, hecho que va a fomentar la eco-innovación y la creación de eco-negocios. Por otra parte, Chile continúa experimentando una creciente inserción en la economía mundial, potenciada por los Acuerdos de Libre Comercio. En un futuro no muy lejano, los productos del país llegarán a unos mercados con más de 3.000 millones de consumidores, una buena parte de ellos bien informados y preocupados de su salud y del medioambiente.
Las perspectivas para el empleo parecen doblemente positivas: el proceso señalado contribuirá a la creación de “empleos verdes”, por una parte, y mejorará la calidad de los puestos de trabajo ya existentes, por otra.
Twitter @awoischnik
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3 Responses to Eco-Negocios: Una oportunidad para la Creación de Empleo