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Estudio muestra impacto del cambio climático en flora y fauna
Vivía entreel río Cachapoal y Magallanes y estaba adaptado a las temperaturas frías. El huemul, especie emblemática en peligro, hoy ha cambiado sus condiciones de vida. En la actualidad, estos cérvidos habitan pequeños reductos desde el Biobío al sur y huyen del calor que se presenta en zonas que antes eran más frías. Sólo quedan 1.500 ejemplares. La realidad podría ser aún más dura para estos animales en el futuro. Un estudio, encargado por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) al Instituto de Ecología y Biodiversidad, comparó la distribución actual de las especies con la que tendrían bajo distintos escenarios de cambio climático. Se analizaron 1.514 especies de flora y fauna del país y 36 ecosistemas, para el período 2070 al 2100, y con alzas de temperaturas de entre 2-4 °C y una baja de 25% de las lluvias. En ese período, y en un régimen desfavorable, el huemul tendría una disminución de un 30% de su hábitat óptimo, aunque tuviera condiciones adecuadas para migrar a otros sectores. En tanto, animales más pequeños como la ratita arbórea y el sapo austral tendrían una baja de 41% en su área de subsistencia habitual. La flora, en un escenario extremo, también se vería impactada: ejemplares como la planta medicinal bailahuén (59%), y el michay rojo verían una merma en su espacio. Peor suerte tendrían ejemplares como la paja brava y la hierba rastrera: se extinguirían (ver infografía). El análisis también modeló qué pasaría con los humedales altoandinos (desde Arica hasta Atacama), ricos en biodiversidad. Los flujos de agua que alimentan estos humedales descenderían hasta 40% en el caso del río Lluta, la cuenca del Salar de Atacama y del Loa, lo que afectaría a estos ecosistemas. También se analizó el bosque: el más impactado sería el espinoso mediterráneo de la zona central, con un 71% de baja en su área adecuada de crecimiento. El académico sugirió estrategias para enfrentar este escenario que le espera a la biodiversidad en Chile: aumentar la cobertura de áreas protegidas; el monitoreo continuo de ecosistemas; dar continuidad a la evaluación de los efectos del cambio global, además de un mayor diálogo de la autoridad con el mundo científico. VIA/ LA TERCERA |
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