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Llegó la hora de las "familias verdes"Se trata de un fenómeno incipiente que cruza urbanismo, domótica y arquitectura, en el que la conciencia ambiental abandona su lugar de utopía hippie o discurso bienintencionado y desembarca en el centro de las casas. Estar duchándose y que de pronto se corte el agua porque uno tardó más de lo necesario es cosa de todos los días en casa de los Karamanian. “Estén como estén, si mis hijos demoran mucho, se quedan sin agua”, explica Charly, padre de familia de 36 años, consultor de negocios, especialista en innovación tecnológica y, desde hace un año, el abanderado de la primera casa totalmente sustentable de Argentina. La idea surgió a principios de 2012, cuando él y su mujer decidieron que vivir junto a sus dos hijos y su perro en un “hogar verde” podía ser más que una ilusión. Vendieron su departamento en el barrio bonaerense de Belgrano, buscaron empresas como patrocinadores que los ayudaran a completar la inversión y eligieron un terreno en Cañuelas -a las afueras de la capital trasandina- para la construcción de ese sueño al que llamaron “Casa G”. Además, un estudio de arquitectura les ideó el plan que hoy está a solo meses de concretarse, ya que los Karamanian estiman que en junio de este año estarán viviendo ahí. Aislaciones térmicas eficientes, uso de energías limpias y renovables, grifería provista de difusores y mecanismos para maximizar el ahorro del agua, mochilas de inodoros con doble descarga, recolección de agua de lluvia, iluminación LED, piscina con sistema de desborde finlandés, huerta orgánica, invernadero, riego por goteo, separación y reciclado de residuos y generadores de compost son sólo algunas de las características que tendrá esta futura vivienda (o vivienda del futuro, según cómo se mire). Si en principio parece una apuesta ambiciosa, digna de algún récord Guinness de la ecología, los Karamanian plantean lo contrario: es el punto más alto al que pueden llevar una filosofía que para ellos empezó hace tiempo y de manera gradual. Las prácticas que llevaban a cabo en su departamento las continúan ahora que viven en una casa alquilada hasta que se termine la construcción. ¿Qué hacen? Tienen su propia huerta orgánica en la chacra de unos familiares, separan y compostan los residuos orgánicos que generan (“reducimos en más del 50% el total de desechos”) y evitan derrochar el agua de múltiples maneras. “El agua potable es un recurso escaso y por eso fomentamos baños cortos, cerramos la llave cuando nos lavamos los dientes, usamos lavaplatos y aprovechamos el vapor para planchar camisas o vestidos colgándolos en una percha mientras nos duchamos”, explica Charly. Además, usan elementos de limpieza amigables con el medio ambiente, secan la ropa al sol, reutilizan aceites filtrándolos, abren lo menos posible el refrigerador y al descongelar alimentos, los sacan del freezer el día anterior para generar ahorro en el consumo eléctrico. “Donde más nos cuesta ponernos de acuerdo es en el uso del aire acondicionado -dice Charly-. Pueden hacer cuarenta grados y a mí no se me cae una gota. Mi mujer prefiere el aire, pero con el termostato en 26”. Una tendencia incipiente Un estudio de la consultora Mindshare, pionera en instalar el término Lohas (cuyas siglas, tomadas del inglés, significan Lifestyle of Health And Sustainability), determinó que el 62% de las personas prefiere consumir productos orgánicos y comprar aparatos eléctricos de bajo consumo, pero sólo el 47% sacrificaría su comodidad para colaborar con el cuidado del medio ambiente. De ahí que varios arquitectos especializados coincidan en que la “tendencia verde” basada en conjugar viviendas de bajo impacto ambiental con hábitos ecológicamente amigables sea todavía incipiente. “Es todo nuevo. La primera ola la empezaron las corporaciones y empresas que están construyendo edificios con certificación ambiental, conocida como LEED -explica Juan González Calderón, arquitecto, socio de CIH Soluciones Ambientales y presidente de la Sociedad de Arquitectura Sustentable de Argentina-, quien puntualiza: “Los requisitos van desde la elección del terreno para construir, que debe tener acceso directo a los transportes públicos y comercios para evitar el uso del auto, hasta la eficiencia energética”. “Los techos verdes me encantan porque absorben el agua de lluvia y contribuyen a evitar las inundaciones que son consecuencia de la falta de superficie absorbente. Por otro lado, esa masa térmica que forman los veinte centímetros de tierra facilita el aislamiento haciendo que la casa sea más fresca en verano y más caliente en invierno y, por si fuera poco, el pasto y la tierra atraen pájaros y abejas”, dice el arquitecto. Eso mismo pensó Ana Rascovsky al incorporar este elemento a su reciente creación. Ana es arquitecta, mentora y habitante del edificio Vilela, en el barrio porteño de Núñez, innovador y eco friendly por igual. Se trata de una gran caja de vidrio mediada por una cortina vegetal. Las plantas protegen el interior del sol, pero además transforman en naturaleza una obra de arquitectura. Así, la cortina es un “jardín vertical” que permite un contacto directo con la vegetación. Ella misma, en su terraza, colocó pasto y creó su huerta. Recolecta agua de lluvia para riego y usa el medio de transporte que menos polución genera para ir a la oficina: caminar. Los hábitos cambian De a poco, pero cambian. Si bien la práctica sostenida de una conducta sustentable está lejos de ser moneda corriente para la mayoría, muchos incorporan alguna característica, tal vez sumándose a la ola verde sin cuestionarse el porqué. ” Early adopters -define Rodrigo Herrera Vegas-. Como en el mundo de los chiches informáticos, la ecología también tiene sus early adopters . Son curiosos y tienen los recursos económicos para comprarse lo último, pagando el doble de lo que costaría ese dispositivo un año más tarde. El early adopter es el ” techno-hippie ” al que le importa la naturaleza, pero también su propio nivel de confort: no está dispuesto a resignarlo, pero quiere tener una baja huella ambiental. Un ejemplo es el calentador solar para piscinas, que alarga la temporada unos dos meses. Es un objeto de lujo, pero su contraparte es que es un termotanque, consume litros y litros de gas”. En la vereda opuesta, están aquellos que vienen gestando la idea desde hace rato y que ahora dan forma global a sus hábitos conjugando prácticas cotidianas con viviendas a tono. La paisajista Carolina Lozano tiene terraza verde desde hace ya diez años. “Tengo huerta, compost, reciclo la basura, casi no enciendo las luces y por elección no tenemos aire acondicionado, para no derrochar energía”, dice Carolina. Como si la idea de “familia verde” fuera más bien un concepto integral, personas que levantan la misma bandera en distintos planos: sus trabajos, sus hábitos, sus casas, sus vidas. Es también el caso de los Möhle, que arrancaron en los noventa con huerta propia en su casa y hoy, bajo el nombre de “Roco”, proveen de verduras orgánicas a los principales hipermercados del vecino país. Hectáreas verdes, arbustos con flores, un invernadero que protege la cosecha, estanque con agua de lluvia, una montaña de compost transformándose en tierra fresca y dos perros juguetones dan forma a la postal familiar de este matrimonio y sus hijas. VÍA/SUSTENTARE |
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