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![]() Tiempo de crecerInteresante columna de la psicóloga y escritora, Vinka Jackson, abordando temáticas relacionadas con los Derechos de los Niños, del cual nos hacemos eco en el marco de nuestro trabajo de promoción del Desarrollo Humano Sustentable. Demoramos un cuarto de siglo, cinco gobiernos, y un número desconocido –que podría hacernos temblar- de niños que ya crecieron, para comenzar a consolidar un propósito de comienzos de la democracia: garantizar el respeto a la dignidad y los derechos de todo ciudadano, en todas sus edades. Suscribir la Convención Internacional de Derechos del Niño o CDN, en 1990, fue un acto contundente, visionario, y digno de la historia nueva y buena que queríamos escribir como nación. Y queremos todavía, pese a la opacidad de este tiempo y sus revelaciones vergonzantes. Hoy es preciso reconocer el signo positivo del próximo ingreso al parlamento del proyecto de ley (PL) de Garantías de Derechos y Protección Integral de la niñez y adolescencia. Esto, a diecisiete meses de la creación del Consejo Nacional de la Infancia -encargada de formular el proyecto-, y a días de terminar agosto, último plazo anunciado para una presentación que exige no menos que “urgencia” del Ejecutivo, y tramitación expedita en un Congreso que hace mucho necesita dar señas de gestión eficiente y cuerda. Quizás muchos se preguntan el “para qué” del PL, en un período donde otras reformas parecen prioritarias, o cuando se reconoce a lo menos valor de ley a los artículos de la CDN. De hecho, esta semana, un juez garantizó la custodia de su hija a su madre de crianza (luego del fallecimiento de la madre biológica) en un fallo histórico con base en principios y derechos garantizados por la Convención. Pero el criterio no es universal. Tampoco la exigibilidad de garantías para todo niño que vive en Chile. Salud y #licenciaparacuidar, educación inclusiva, protección ante malos tratos y violencias (por ejemplo, el abuso sexual, y cuál será la respuesta del Estado para las niñas víctimas de violación, incesto, explotación sexual y embarazo infantil como resultado de estos vejámenes), el respeto a la identidad e intimidad, el presente y futuro de Sename: algunos temas que deberían estar considerados en el PL –aún desconocido-, o serlo durante su tramitación. La Ley que entre en vigencia, en un año o dos, debe ser moderna, inclusiva de toda realidad infantil y exacta en lo operativo: cómo habilitar el pleno ejercicio de derechos, y cómo responder ante discrepancias o fracasos. Queda camino. Hay quienes todavía, ante la sola mención de “derechos de los niños” -incluso en referencia a lactantes o preescolares- cuestionan en tono severo: “¿y las responsabilidades?”. En otro ángulo, la omisión sistemática de la infancia (lo digo con pesar) en movimientos ciudadanos, y un punto de fuga rutinario que olvida la mera existencia de niños y niñas en casi todo entorno (los medios, el transporte y planificación urbana, la inversión comunal, las jornadas laborales, y podría seguir). Nos falta profundizar en acuerdos colectivos –familia, escuelas, instituciones, poderes del Estado, etc.- que son indispensables para cuidar a cada niño que nace. Honrar nuestro imperativo de especie. Quizás sería de gran ayuda abrirnos a una lectura renovada de los derechos de la niñez, ya no en clave “legal”, sino desde sus proposiciones en el marco ético del cuidado y autocuidado, las etapas del desarrollo, y los afectos y vínculos que acompañan el crecimiento de cada niño. Entender que las garantías de protección no son “intromisiones”, sino un respaldo, una herramienta útil para nuestra crianza respetuosa, la formación integral de nuestros hijos, y la prevención de daños evitables. El mundo desarrollado, y países vecinos, avanzan en el bienestar de cada nueva generación, conscientes de que su progreso como sociedades es inseparable de la promoción de los derechos de la niñez. Chile podría sumarse a esa trayectoria exitosa si todos convenimos –como invoca una campaña extraordinaria (#Elrespetonoshacegrandes)- que ha llegado, finalmente, nuestro tiempo de crecer. VÍA/LATERCERA |