Esta semana escribe el Director de PROhumana Jorge Awad Mehech, quien además es presidente de Lan Airlines e Icare y Director en Banco de Chile.
En esta columna, Jorge Awad nos habla sobre las posibilidades de las empresas chilenas en un contexto de globalización de la economía y la necesidad de que estas sean pioneras en temas de RSE:
Mundialistas
Deseo destacar la gran oportunidad que tiene Chile para seguir impulsando la formación y desarrollo de empresas de clase mundial, para responder así a mercados globales y a la responsabilidad que han asumido las economías emergentes en el contexto mundial.
Aspiramos a que nuestras empresas sueñen con llegar a ser -directa o indirectamente- empresas mundialistas, lo definan como su principal objetivo estratégico y reúnan las condiciones para actuar como productores, proveedores o distribuidores de clase mundial.
Nuestra condición poblacional objetiva -somos 17 millones de habitantes- nos impone el mundialismo como ruta al desarrollo.
Y así como nos hemos preparado y alegrado con la participación de Chile en el reciente Campeonato Mundial de Fútbol, nuestras empresas deberán ir tomando conciencia de que también compiten en un campeonato mundial de empresas, sabiendo que nunca ha habido un período con más competencia en el mundo de los negocios y reconocimiento al desafío que tienen las empresas en los ámbitos medio ambientales y sociales.
Pero no hemos perdido el tiempo. Al llegar a su bicentenario, Chile es hoy un país que, con sus Tratados de Libre Comercio, tiene acceso a mercados de más de 4.000 millones de habitantes, que representan el 85% del PIB mundial, resolviendo con este enorme mercado potencial sus limitaciones de productividad, empleo e inversión. Si hemos abierto una puerta al Comercio Internacional de esta magnitud, tenemos que responder a nuestros visitantes con jugadores de clase mundial. Y ahí deberán estar nuestras empresas mundialistas, para competir y ganar.
En este mundo de hoy -pero sobretodo en el que viviremos mañana- la diferencia relevante entre las empresas no será de tamaño. Más aún, ni siquiera será cuantitativa, será cualitativa. Ya no bastará con la clasificación de micro, pequeña, mediana o grande… La clásica definición de empresas según su tamaño, agrupadas así para muchos propósitos cuantitativos, puede distorsionar mucho la perspectiva de la empresa mundialista, ya que lo verdaderamente relevante será el grado de globalización en el que operen las empresas.
Para los fines competitivos en una economía global, debemos entender a las pequeñas, medianas y grandes empresas como partes de un mismo ciclo empresarial, donde el sueño de ser grandes siempre va a estar presente, como condición genética de un empresario siempre en busca de una mayor creación de valor y de su mejor condición competitiva.
Debemos entender el tamaño como una condición temporal y que puede cambiar con gran velocidad. Las empresas más grandes del mundo hoy probablemente eran Pymes hace unos pocos años atrás… Una sociedad donde crecen y se multiplican empresas de pequeño o mediano tamaño, de alto valor agregado, rentables y capaces de integrarse –directa o indirectamente- a una cadena de valor mundialista, puede ser reconocida por su capacidad de innovación y emprendimiento.
Y Chile estará año a año compitiendo en campeonatos mundiales de empresas, con la cadena de valor formada por sus empresas pequeñas, medianas y grandes.
El gen mundialista de las empresas de clase mundial está en el ADN de nuestros destacados empresarios y también en la visión de nuestros líderes.
Un alto ejecutivo de una empresa internacional señalaba “Lo que se ve en el mundo es que en Chile hay una profesionalización en asuntos críticos y una capacidad de integrarse con las mejores técnicas y especialistas del planeta para hacer lo que es correcto. En Chile las cosas se pueden hacer con categoría mundial”
El terremoto, la selección y los mineros nos dicen que somos buenos enfrentando la contingencia. Surge una emergencia y concentramos todos los esfuerzos en resolverla, actuando de forma unida y solidaria si es necesario. Esa es la luz. Pero la correspondiente sombra es que nos cuesta sostener la mirada en el largo plazo, y siempre corremos el riesgo de perdernos.
Estas empresas de clase mundial saben que los mercados son altamente competitivos y que serán desafiadas cada vez por más variables, en un futuro conocido, pero a la vez impredecible.
Un futuro donde la creación de valor puede ser muy rápida. Recordemos que a Google le bastaron 12 años para convertirse en una de las empresas más importantes del mundo, pero en esos mismos 12 años también hemos estado en la era de las burbujas con destrucciones de valor de enormes magnitudes.
Para competir en este mundo de extremos debemos considerar a las personas no como recursos de una empresa, sino como la fuente de todos los recursos de una empresa, porque solo el talento es el motor del desempeño de la empresa del siglo XXI.
Con esas personas debemos construir una sociedad con cohesión social, que es la capacidad que debemos tener para buscar los espacios de colaboración, cooperación y consenso constructivo donde existen intereses divergentes. Así nos acercamos a un desarrollo humano, sustentable y ético.
La empresa de clase mundial será la nueva realidad y la principal innovación del siglo XXI, y con gran satisfacción Chile puede enorgullecerse de cómo la comunidad internacional las ha reconocido. Ejemplos sobran. China se ha convertido en nuestro principal socio comercial, hemos aumentado nuestras exportaciones de MUS$ 4.000 en 2006 a MUS$12.000 en el presente año.
Las inversiones de empresas chilenas en la región son otro ejemplo de las empresas mundialistas, éstas han realizado inversiones por sobre US$50.000.000 principalmente en Argentina, Brasil, Perú y Colombia. En este mismo sentido se puede comprobar cómo grandes empresas internacionales se asociaron con nuestras empresas locales desarrollando nuevas y mejores condiciones competitivas.
La internacionalización de nuestras empresas es causa y efecto de nuestra capacidad competitiva y también se destaca como uno de los factores más destacados en la reputación corporativa de una empresa.
La imagen de Chile ante el mundo ha cambiado porque Chile ha cambiado. Por eso debemos seguir respondiendo con una presencia cada vez mayor de empresas chilenas mundialistas. Cada empresa debe saber internacionalizarse y construir su propia balanza comercial positiva en que lo que exporta supere sus importaciones, alcanzando así mayor estabilidad en diversos mercados que se comportan según distintas variables.
El desarrollo de Chile requerirá cada vez de más empresas y de más chilenos de clase mundial y para lograrlo, debemos realizar las reformas estructurales que permitirán aumentar la productividad de las empresas y estimularán el liderazgo empresarial que atrae nuevos emprendimientos, de manera que los jóvenes profesionales más que buscar empleo, busquen clientes; y más que patrones, busquen inversionistas…y que cuando se les cierren los mercados aquí, los encuentren en esa mítica quebrada… que todos conocemos y que está más allá de las fronteras…
Ciudadanas
Concepto de la empresa ciudadana y RSE
Toda empresa que aspira a ser reconocida en los distintos mercados globales donde opera, debe cumplir con las distintas directrices del desarrollo humano sustentable y con una nueva ética pública.
Para ello sus modelos de negocios deben considerar el cumplimiento simultáneo de un triple objetivo o triple resultado, económico, social y ambiental.
Esta nueva forma de posicionar los objetivos de una empresa significa valorar el nacimiento de la empresa ciudadana, con un compromiso no sólo económico con sus accionistas, consumidores y directos interesados. En esta nueva concepción de empresa se perfila un compromiso permanente con las futuras generaciones y con todos los actores que participan de su actual realidad, incluyendo por ejemplo, la trazabilidad de todos sus insumos, como la transparencia y confiabilidad de su gobierno corporativo, y sustentabilidad de sus recursos.
Así estaremos construyendo empresas ciudadanas que logran el nivel necesario para optar al grado de una verdadera ciudadanía corporativa.
Con satisfacción aprecio como en la memoria de importantes empresas nacionales se incluye destacadamente el informe de su desarrollo sustentable.
Aspiramos a que en nuestro país existan cada vez más empresas ciudadanas, que junto con sus resultados económicos y adecuada competitividad que debe constituir su primera responsabilidad social empresarial, además sean reconocidas por sus objetivos sociales –generando mayores oportunidades para las próximas generaciones- y por su responsabilidad por el medio ambiente permitiendo un desarrollo sustentable de la empresa.
Para construír este triple objetivo es destacable reiterar los conceptos que ha difundido permanentemente la Fundación ProHumana sobre la responsabilidad social empresarial.
• La Responsabilidad Social Empresarial es la expresión de una ética sobre lo público. Implica un discernimiento sobre la realidad a partir de la valorización que podamos hacer de la misma, desde los criterios de la justicia de la equidad y de la democracia.
• La Responsabilidad Social Empresarial es un concepto matriz para promover una nueva ética ciudadana que contribuya a impulsar un desarrollo justo y sustentable.
• La Responsabilidad Social Empresarial es reciprocidad y un impulso a construír una comunidad que dé sentido de pertenencia vínculo y solidaridad a las personas.
• La Responsabilidad Social Empresarial tiene, por lo mismo, un carácter comunicacional, es decir, debe practicarse junto a otros, en referencia a otros, construyendo un “nosotros”
La incorporación de cada uno de estos conceptos a las estrategias empresariales y sus modelos de negocios nos permite construir una nueva amistad cívica, que es la forma como reaccionamos, nos motivamos, nos emocionamos sobre lo que le ocurre a un desconocido, que integra y participa de nuestra comunidad.
Memorias de Sostenibilidad (Global Reporting Initiative GRI)
La elaboración de Memorias de Sostenibilidad por parte de destacadas empresas en nuestro país ha comenzado a desarrollarse.
La guía del GRI (Global Reporting Initiative) constituye un marco para elaboración de memorias sobre el desempeño económico ambiental y social de las empresas informantes, que también se conoce como triple cuenta de resultados.
Esta Memoria de Sostenibilidad –GRI- debe estar basada en una adecuada presentación de a lo menos once principios, entre los cuales se encuentran los de transparencia, globalidad, auditabilidad, relevancia y precisión. Debemos estimular la elaboración de Memorias de Sustentabilidad.
Las empresas que han entrado en la dinámica estricta y exigente de la RSE de manera genuina y desde lo más profundo de su espíritu empresarial, comprende rápidamente que este proceso propone exigencias nuevas cada día.
Algunas prácticas destacadas son actualizar permanentemente el código de ética de la empresa a partir de la realidad, internalizarlo a toda la institución e incorporar procedimiento de gestión para la resolución de conflictos éticos al interior de esta, definir un modelo de transparencia para diseñar las memorias, compartir a nivel interno y externo las políticas de competencia leal y la forma en que se cumple.
Realizar un balance global en base a la triple sustentabilidad, promover y monitorear la calidad de vida en su público interno.
Estimular el desarrollo de la comunidad promoviendo el desarrollo de la RSE en sus proveedores y el emprendimiento en la comunidad para que surjan nuevos proveedores.
Cada uno de estos compromisos y muchos otros nos permiten afirmar que la RSE nunca debe ser entendida como una limpieza de imagen de la empresa, con este criterio sólo conseguirá impactar más negativamente su verdadera realidad.
Los negocios son buenos para el desarrollo sustentable, y este es bueno para los negocios.
PROhumana y su Ranking de RSE
Sin duda, la Responsabilidad Social Empresarial debe estar integrada en la gestión de las empresas de manera consciente y coherente –tanto con su realidad de organización como con la que la rodea (localidad, ciudad, país, mundo, universo)- para que así sea sustentable y permanente en el tiempo.
Ser una empresa 100% sustentable no es camino fácil, ya que esto implica un cambio cultural, y todo cambio conlleva tiempo, etapas, transformaciones, pero finalmente se logra ese momento en donde todo hace sentido y la consistencia –en este caso sustentable- se manifiesta de manera tangible y medible.
¿Pero cómo comenzar este camino?, ¿Cómo hacerlo duradero? Una manera es evaluando la realidad de la empresa, sacar una radiografía de lo que está ocurriendo. Hacer un diagnóstico que permita determinar qué es lo que existe, cómo está funcionando, cómo mejorar, y por supuesto qué es lo que falta y cómo lograrlo para que, al llevarlo a cabo, sea sostenible y coherente.
Es por esto, que me parece interesante el trabajo que hace ya siete años Fundación PROhumana está realizando con el Ranking Nacional de Responsabilidad Social Empresarial, el cual ha evaluado a más de 235 empresas y encuestado a cerca de 60.000 trabajadores -de un universo de 670.000 personas- con el fin de:
– Evaluar cuantitativa y analíticamente la coherencia, integralidad e innovación en el desarrollo, implementación, evaluación y comunicación de las Políticas, Prácticas y Programas de RSE de la empresa postulante, a través de su Encuesta de Administración.
- Evaluar cuantitativamente la apreciación de la RSE de la cultura interna, mediante el grado de valoración, conocimiento y práctica de los empleados sobre de las políticas y herramientas de RSE, a través de su Encuesta de Empleados.
Este Ranking, el cual invita este año a todas las empresas nacionales o multinacionales con operaciones en Chile a participar, permite que las empresas evalúen y hagan un diagnóstico de su desempeño ambiental, social y económico, pero también genera –con la aplicación de sus instrumentos de evaluación- un aprendizaje integral en RSE para cada uno de los miembros de la organización; un impulso de estrategias de mejoramiento continuo; un posicionamiento de su desempeño en RSE; y la acreditación con sellos de distinción (Platino, Oro, Plata, Bronce y Mención Honrosa) respecto al nivel de desempeño de la empresa en responsabilidad social; entre otras más.
Fundación PROhumana, promoviendo los conceptos señalados anteriormente, busca con su Ranking generar una cultura de responsabilidad social y desarrollo humano sustentable en las empresas de Chile para con todos sus públicos de interés (clientes, comunidad, público interno, medioambiente), pero también en los ciudadanos, trabajadores y todos los actores de la sociedad, ya que la responsabilidad no sólo debe estar en el Hacer y Ser de las empresas, sino que en todos los protagonistas de la realidad que se vive, ya que de esa manera se crean sociedades consistentes, responsables y sustentables socialmente.