Aunque la canción habla de la blanca Navidad, acá en Chile es difícil que eso llegue a pasar, pero de todas maneras la podemos hacer verde, ¡esta nota de El Mercurio nos cuenta como!
En estos tiempos de conciencia ecológica que corren, muchas personas buscan la forma de celebrar una Navidad lo más amigable posible con el ambiente. Pero en este afán, las decisiones que se toman no siempre son las más atinadas.
Por ejemplo, muchas personas prefieren un árbol de Navidad artificial, para no ser cómplice de la tala de pinos que se produce en esta época. Así, optan por un pino de plástico que puede durar varios años, lo que se traduce en igual número de pinos naturales que se ahorran y no se botan a la basura al término de las fiestas.
Esta tendencia es tan fuerte, que sólo en Estados Unidos se calcula que este año 50 millones de árboles sintéticos adornarán los hogares y oficinas en comparación con unos 30 millones de los naturales.
Esta percepción la desmiente en forma rotunda un estudio publicado el año pasado por Ellipsos, consultora especializada en temas de desarrollo sustentable de Montreal, Canadá. En él se consigna que un árbol talado deja un tercio de la huella de carbono que uno artificial que, en promedio, se desecha después de siete años de uso. La única manera de equilibrar las cosas es hacer durar el sintético al menos 20 años.
Aunque, por supuesto, lo ideal sería tener un pino plantado en tierra o, más aún, un árbol que corresponda al lugar que habitamos. “Especies nativas como el boldo, el peumo o el arrayán son ideales en la zona central de nuestro país”, dice María Prieto, fundadora del sitio veoverde.com. En su opinión, si alguien se compra un árbol, que sea para ponerlo en un macetero de unos 50 centímetros de diámetro, “ya que un árbol vivo no ensucia”, dice.
Además, muchos pinos que se venden en estas fechas provienen de viveros que los producen para ser usados en los hogares. Y cuando las personas se deshacen de ellos son fácilmente biodegradables y se transforman en abono orgánico.
En el caso de los artificiales, los materiales como el plástico y el metal con que se fabrican tienen un alto costo de extracción y, además, contienen sustancias como el PVC, que son muy contaminantes. La mayoría son hechos en China y son transportados en barcos a los distintos mercados, todo lo cual representa una contaminación adicional. Todo esto en comparación con el traslado promedio de 5 km de quienes desean comprar un pino natural.
Por último, está el problema del reciclaje. “En Chile sólo reciclamos papel y vidrio. Estos árboles habitualmente se envían de regreso a China para poder reutilizarlos. Por eso, también es aconsejable hacer un árbol de cartón y papel o, incluso, esos de género que se pegan a la pared”, explica Prieto.
Tarjetas y luces
Otro aspecto de la Navidad que se traduce en tala de árboles son las tarjetas de saludos. En este caso, lo ideal es enviar los buenos deseos vía e-mail . Pero si usted es un tradicionalista que no concibe un saludo electrónico, puede comprar tarjetas hechas con papel reciclado.
En el caso del papel para envolver regalos también es bueno usar las hojas de revistas o papel reciclado.
Respecto del gasto de energía, las luces con que se iluminan tanto el árbol como la casa son un ítem importante. Los expertos sugieren cambiarse a las ahorrativas LED, que en nuestro país cuestan alrededor de $ 7.000 las 100 luces.
Al momento de adornar el árbol, se sugiere reutilizar materiales que tenemos en el hogar en lugar de comprar nuevos adornos.
Para esto se pueden colgar CD, tarjetas de años anteriores o cáscaras de huevo que se pueden pintar en familia. También se pueden usar cintas o figuras y miniaturas que adornan la casa.
Y si quiere cerrar de buena forma esta propuesta ecoamigable, tenga en cuenta que el uso de velas también tiene un aspecto negativo por el humo que emiten. Cámbiese a las de cera de abeja o soya y ¡Feliz Navidad!
En números
20 años al menos debe durar un árbol de Navidad artificial para que su impacto ambiental se iguale a uno natural que se desecha al final de las fiestas.
3,1 kilos de CO2 anual es la huella de carbono de un árbol natural, comparado con los 8 kilos que produce al año su contraparte artificial, según Ellipsos.
5 km se desplazan las personas que compran un pino natural, mientras que los sintéticos se embarcan desde China y para reciclarlos se devuelven a ese país.
$ 7.000 cuestan aproximadamente cien luces de ahorro LED en nuestro país, las que reducen en un 80% la energía que gastan las luces convencionales.
VIA/ELMERCURIO