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RSE y Medio Ambiente: La necesidad de “Hacer las cosas bien”

Columna de Fernanda Donoso, periodista titulada de la Universidad Diego Portales y desempeña su profesión en Fundación Casa de la Paz.

Cada vez son más las empresas que hoy en Chile reciclan, consumen energía de forma eficiente o instauran una cultura interna a partir de hábitos sustentables. Otras, van más allá y optimizan sus procesos productivos para reducir sus emisiones contaminantes, disminuyen su huella hídrica,  aprovechan residuos, o se animan a profundizar en temas de vanguardia como el eco-diseño.

La razón de este fenómeno puede explicarse a partir de una sigla de tres letras: RSE (Responsabilidad Social Empresarial), y surge desde el momento en que las organizaciones comienzan a detectar la necesidad y los beneficios de ejecutar acciones que contribuyan a un desarrollo sustentable y mejoren la calidad de vida de la población.

A partir de factores como la mayor sensibilidad de la opinión pública frente a temas ambientales, la presión de organizaciones ambientalistas, la instalación de legislaciones más exigentes, el incremento de las barreras competitivas o las nuevas oportunidades de negocio, el quehacer de cualquier organización en relación con sus impactos sobre el medio ambiente se ha convertido en un asunto crítico a la hora de medir su desempeño global y su habilidad para continuar operando de manera efectiva.

Por lo mismo (y desafortunadamente), en algunos casos la RSE todavía es confundida con el blanqueo de imagen, la filantropía o el marketing verde. Esto se hace evidente cuando empresas o instituciones implementan políticas socio-ecológicas superficiales, sin valores transversales, instalación de hábitos sustentables ni un seguimiento adecuado que valide sus indicadores iniciales.

Por otro lado, quienes aplican correctamente este modelo de gestión lo definen con una frase tan sencilla como “hacer las cosas bien”, lo que al considerar la preocupante situación que hoy existe en materia socio-ambiental se ha vuelto una necesidad. Crear e implementar un sistema de gestión ambiental y comunitario, apoyado en una estrategia que traduzca un discurso en acciones concretas y coherentes, puede ser clave para mitigar problemáticas como la conservación de la flora y la fauna, la contaminación atmosférica, la explotación desmedida de los recursos o la falta de programas de cultura ambiental.

Por el momento, una organización puede ser elevada a la categoría de socialmente responsable al cumplir con algunas condiciones básicas frente al tratamiento de los recursos naturales y al desarrollo sustentable. En primer lugar, ningún recurso renovable deberá utilizarse a un ritmo superior al de su generación, ni tampoco deberá aprovecharse a mayor velocidad de la necesaria para sustituirlo por un recurso renovable utilizado de manera sostenible. Y, en segundo orden, ningún contaminante deberá producirse a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el medio ambiente.

A largo plazo, y para generar real confianza entre sus públicos de interés, cualquier empresa que pretenda ser verdaderamente responsable tendrá que buscar maneras de que la actividad económica mantenga o mejore el sistema ambiental. Asimismo, deberá asegurar que la actividad económica mejore la calidad de vida de todos, no sólo de unos pocos selectos; tendrá que emplear los recursos eficientemente; promover el máximo de reciclaje y reutilización; dedicar esfuerzos al desarrollo e implantación de tecnologías limpias; y, finalmente, reconocer la importancia de la naturaleza para el bienestar humano.