Columna de José Bernardo Guevara, abogado y docente universitario. Es socio del Rotary Baruta (Caracas) y Director de la AC Propaz, que promueve la responsabilidad social con perspectiva de DDHH.
“Los empresarios tienen que cuidar a sus trabajadores por un problema humano… además, porque nuestra principal riqueza no son nuestros recursos naturales, sino los chilenos” (Sebastián Piñera, Presidente de Chile)
El reciente rescate de los mineros en Chile, puede ser abordado desde múltiples perspectivas. En las próximas líneas compartiremos unas breves reflexiones, a partir de un par de las acepciones de la palabra “rescatar” según la Real Academia Española.
Ciertamente, la riqueza de nuestro lenguaje nos permite examinar el rescate de los mineros desde una doble dimensión: la reactiva y la proactiva.
Liberar de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión
En la primera acepción que examinamos de la palabra “rescatar” nos encontramos ante el hecho del derrumbe ocurrido, que hizo temer incluso por la pérdida de las vidas de los mineros. El drama fue cediendo ante el empuje de la esperanza, ese maravilloso estado de ánimo, que inspiró a millares de personas para alcanzar el resultado final, extraordinario, que pudimos vivir intensamente desde los distintos rincones del planeta gracias a la avanzada tecnología.
La esperanza fue la que movilizó a la gente. Pero fue necesaria la concurrencia de un gran liderazgo, que permitiera reunir los mejores talentos para encontrar los caminos idóneos para un rescate seguro, en el menor tiempo posible. La unión por el gran objetivo, fue determinante. Una sola voluntad, apuntalada por muchos espíritus vibrantes, sin distinciones de ninguna especie.
Con el rescate del último minero, se consumó una hazaña sin precedentes, que llena de orgullo al pueblo chileno y que se derrama abarcando a toda la humanidad.
Recobrar el tiempo o la ocasión perdidos
“Espero que esto no vuelva nunca más a ocurrir” expresó el líder de los mineros al Presidente Sebastián Piñera.
En la dimensión anterior, se actuó de manera reactiva, ante el derrumbe ocurrido. La solidaridad y la unión tenían focos específicos, que alumbraban hacia la Mina de San José, Copiapó, Chile. La esperanza adquiría la forma de rostros e historias personales y familiares. Había una cercanía, que conectaba con el ser humano.
Lo reactivo tiene la ventaja de lo puntual, de lo específico. Permite la concentración de las energías y voluntades, con alto grado de intensidad. Pero son energías que tienden a diluirse con el tiempo. Al pasar el hecho que convoca, desaparece el estímulo y con ello la acción.
La exhortación del líder de los mineros al Presidente de Chile, debe interpretarse como un llamado a la conciencia de la humanidad, en su conjunto. No se trata sólo de los mineros de San José, en Copiapó, Chile.
El trabajo debe ser prestado, independientemente de su naturaleza, en condiciones de higiene y salubridad, que no coloquen en riesgo de accidentes o enfermedades ocupacionales a quienes presten sus servicios.
Esto implica superar la noción del “costo-beneficio” para dar primacía a la dignidad del ser humano. Aquí no hay luces dirigidas a rostros específicos que despierten la emoción y las grandes causas.
Es la hora de recobrar el tiempo perdido, mediante la proactividad.
De las causas que se construyen desde lo cotidiano, que ameritan una coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace.
Las palabras de amor y de humanidad, deben estar acompañadas de una decidida lucha a favor de los derechos humanos. Este es el marco ético que requerimos; no por la imposición de marcos regulatorios, sino por nuestra libre decisión, mantenida y enriquecida con el tiempo.
El gran reto del siglo XXI es construir una visión compartida, donde concurran los Estados, individuos e instituciones para hacer realidad tanto los derechos civiles y políticos; como los económicos, sociales y culturales; donde no sólo se piense en las generaciones actuales, sino igualmente en las futuras.
Es el momento de conciliar la libertad con la igualdad, a través de la fraternidad.
Twitter: @jbguevara