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Reflexiones en tiempos de pandemia

Por Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva PROhumana

Hemos decidido desde PROhumana comenzar a compartir sensaciones, preguntas e inquietudes de este año tan único en nuestras vidas.

Día 1

Desde mi hacer en PROhumana, durante estos 24 años, he buscado arduamente promover modelos de desarrollo más inclusivos.

Luchando una vida por lograr mayor justicia social en nuestro país, pero de manera más ágil. Buscando siempre la consolidación de sociedades con Desarrollo Humano Sustentable.

Sin embargo, recuerdo y por cierto todavía una escucha que hay que conformarse con el nivel de desarrollo que hemos logrado en Chile, ya que si nos comparamos con décadas anteriores es mucho mejor o que la pobreza la hemos bajado considerablemente.

Con dolor, o al menos el mío, observo que esta pandemia que nos ha golpeado desde mediados de marzo nos mostró la fragilidad de la mayoría de las sociedades y en especial de la nuestra.

El grito de justicia de octubre de 2019, el de tener una vida digna, rima perfecto con lo que hoy está ocurriendo en nuestro país. La vivencia diaria de precariedad que muchos chilenos han tenido por años, se evidenció al enfrentar esta crisis económica y producto del miedo a la muerte.

Nuestro desarrollo económico era tan frágil como un castillo de arena. Nos ha mostrado la precariedad de un gran número de chilenos en lo que respecta a vivienda y acceso a necesidades básicas, como alimentación, agua, luz, ya que no tienen dinero para acceder a éstos. No cabe duda, que esto significa que el nivel de pobreza que establecimos que un gran grupo de chilenos había logrado superar, no era tal.

La superación de la pobreza pendía de un frágil hilo, que al menor temblor se desmorona.

Por otro lado, hace unos días escuchaba que frente a una crisis económica la clase media puede mantenerse a flote no más allá de seis meses.

Entonces las preguntas que hoy me hago con cierta desolación, es por qué seguimos construyendo sociedades con tanta inequidad.

Por qué seguimos comprendiendo el desarrollo de las sociedades tan linealmente y no desde una mirada compleja.

Tal vez la respuesta es obvia, por que si nuestra comprensión fuera de modo sistémico a algunos los tendría más inquietos. Tal vez nos es más llevadero enfrentar desde un sopor anestésico el que estamos viviendo en una sociedad más inclusiva, aunque en lo profundo de nuestras almas sepamos que no es así.

Claro que la esperanza siempre es lo que más he movido para seguir adelante, es por eso que les comparto esta pequeña reflexión junto a estos videos. Uno muy antiguo que es un sueño que a mi hasta el día de hoy me hace imaginar que otro mundo es posible.

Click para ver el video 1

Click para ver video 2

Día 2

El convivir cívico egoísta y básico de Chile.

Ya son semanas de aprendizaje para [email protected]

Esta experiencia de encierro, que ha sido asumida con diferentes matices por los chilenos y chilenas de las comunas en cuarentena, nos ha enfrentado a nuestro convivir cívico.

Por cierto, esta reflexión no ambiciona debatir sobre si cambiaremos, pero si se pregunta si nos estamos cuidando, si estoy cuidando y si me cuido.

Sin embargo, al observar como hemos llevado el cuidar colectivo, queda claro lo poco que nos queremos como comunidad, no dejando duda a otra fractura de nuestra sociedad.

Los que pueden guardar cuarentena estricta han encontrado fisuras para argumentar el no respetar el mandato de cuidarnos colectivamente.

Por otro lado, tenemos un gran número de chilenos y chilenas que deben salir a trabajar por necesidad para los cuales nos ha faltado la empatía de comprender su realidad, tan así es, que no puedo evitar recordar la expresión de un Ex Ministro que exclamo que no había dimensionado la pobreza de nuestro país.

En resumen, Chile en su gran mayoría vivía un sueño de desarrollo que no existía.

Y por que digo esto, por que un gran número de personas que tienen el poder político y económico para generar cambios evitaban asumir esta realidad en la cual vivíamos apoyándose en estadísticas engañosas de niveles de desarrollo.

Lo más alarmante es que seguimos con soluciones asistenciales, cajas de alimentos por ejemplo que se multiplican y se repiten por varias a una misma familia.

Mi preocupación entonces, es pensar hasta cuando no honramos un modelo de desarrollo que respete la dignidad de vida que merece cada chileno y chilena.

Y cuál ese esa dignidad, pues la respuesta es fácil, la que consideras tú mismo que te mereces!!

Soledad Teixidó

Presidenta Ejecutiva

Fundación PROhumana