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Necesidad de cambio

La victoria del paradigma neoliberal es un hecho y tampoco la RSC ha escapado él. Aunque en unos primeros compases Milton Friedman pareció rechazar cualquier responsabilidad más allá que con los accionistas-propietarios, se ha conseguido superar esta visión.

Si lo afirmado arriba ha sucedido, no ha sido causa de una relajación de los preceptos neoliberales, sino de una reformulación de lo que debe ser la RSC centrada en el business case. Efectivamente, el modelo accionarial clásico ha evolucionado a lo que se puede considerar un modelo condicionado. Continuamos maximizando el valor de la empresa, aunque ahora se condiciona a una gestión de los grupos que nos interesan. Parafraseando a Eduardo Galeano, he llamado a esta RSE como la del envase, pues importa más lo que se ve que el interior de la misma. Además, si la rascas un poco puedes ver que debajo todo sigue igual. Esta RSE no cuestiona nada, simplemente, nos presenta los hechos sin demasiado análisis. Quizás por eso, según un dato presentado por Pedro Ortún, un 73% de las personas en Europa desconfían de las multinacionales.

Pero, ¿tienen la culpa (sólo) las empresas? Por supuesto que no. La sociedad civil tiene que asumir su rol, en cierta forma olvidado, o no identificado. Si el modelo social, o cultural, está cambiando que no sean sólo las empresas quienes decidan l morfología del cambio. La RSE tiene que ver con la gestión de los impactos de las empresas en la sociedad, pues que sea esta última quien decida, también, como prefiere que sean gestionados.

No hay solución sencilla, pero los problemas tampoco lo son. En mi opinión, un primer paso consistiría en la democratización, real, del gobierno de la empresa. Permitir que los otros interesados en el devenir corporativo opinen, participen o penalicen en las decisiones. Pero, junto a este paso, se debe producir un cambio actitudinal en la sociedad, para así recuperar el discurso, ahora apartado, de la RSE.

Considero que deberíamos rehuir de la complacencia y exigir una RSE crítica. Cuestionarse cada paso con sinceridad y con un verdadero diálogo, sin prevalencias de poder, de tú a tú. Parece como si se tuviesen que resaltar las buenas prácticas y esconder las malas. Pero, no sólo esto. ¿Son las buenas prácticas tan buenas? ¿Las malas son tan malas? ¿Hasta dónde debería llegar el cuestionamiento?

No es sencillo cambiar la costumbre del proceder de los negocios, pero hay que ser consciente de lo que se pretende y resistir en el empeño. Seguro, de primeras, serán vistos como unos bichos raros, ninguneados y después, incluso, ridiculizados, pero la resistencia debe ser fuerte.

No se trata de ser crítico y resistir en el empeño para destruir, debemos plantearnos el construir una sociedad mejor, la que nos merezcamos, sin más. Y esa fuerza deberá nacer desde abajo, porque es en el fondo donde están los disconformes. Los cambios que han venido desde arriba sabemos, sobretodo en España, que tienen un efecto muy limitado.

Cada uno de nosotros, desde nuestro trabajo, podemos empezar a cambiar, es cuestión de voluntad. Aunque parezca una utopía, es simplemente un cambio de actitud.

 Adjunto un texto de un neoliberal, Friedich von Hayek, que en 1949, en su texto Intellectuals and Socialism, decía lo siguiente sobre cómo cambiar el paradigma económico de la época:

Necesitamos líderes intelectuales (…) dispuestos a trabajar por un ideal, aunque sus perspectivas de rápida realización sean escasas. Deben estar dispuestos a aferrarse a los principios y batirse por su completo cumplimiento, aun cuando parezca lejano (…) Quienes se han ocupado exclusivamente de lo que parecía realizable (…), se han encontrado constantemente con que incluso eso devenía políticamente imposible, por la evolución de una opinión pública a la que no habían hecho nada por guiar (…). Si recuperamos la batalla de las ideas (…), la batalla no está perdida.”

Hayek murió en 1992, ¿quién se lo iba a decir?

VIA/DIARIORESPONSABLE