Un artículo escrito por Margarita Ducci, secretaria ejecutiva Red Pacto Global ONU-Universidad Andrés Bello, es lo que nos trae La Nación.
En el hogar también hay hábitos que se pueden cambiar, como la ducha, ya que una de cinco minutos utiliza casi 95 litros de agua, lo que equivale a la cantidad de agua que una persona bebe en 50 días.
Muchas organizaciones e iniciativas ciudadanas se han involucrado en la preocupación por el bienestar, la conservación y el buen cuidado de nuestro hábitat. Sin embargo, lo que se ha hecho hasta ahora por contrarrestar el daño que hemos causado en nuestro entorno no es suficiente y la situación medioambiental empeora constantemente.
El caso de British Petroleum (BP) y el drama ecológico ocasionado en el Golfo de México es un ejemplo de la amenaza a la que permanentemente estamos sometidos. Agua, aire, biodiversidad, energía, capa de ozono, cambio climático, sustancias químicas, entre tantos otros temas, debiesen ser preocupación permanente y real de todos los que habitamos el planeta -y de quienes legislan- para prevenir desastres de esta naturaleza.
Basta recordar algunas cifras para dimensionar sólo una parte de lo que ocurre en la vida cotidiana, por causa de acciones que el ser humano lleva a cabo irresponsablemente. En la Región Metropolitana se generan 2,6 millones de toneladas anuales de residuos sólidos domiciliarios y asimilables; de las cuales, alrededor de 12% se recupera con alguna práctica de reciclaje. Las botellas y bolsas plásticas tardan entre 400 y 1.000 años en degradarse y, aun así, menos de 1% de las primeras se recicla. Eso respecto a nuestros escasos hábitos de reutilización.
La biodiversidad se ha visto afectada a tal nivel -a causa de la sobreexplotación, el cambio de hábitat, la contaminación y el cambio climático-, que entre 1970 y 2006 las especies de vertebrados sufrieron una reducción de un tercio en promedio, situación persistente a lo largo del mundo.
Hay múltiples formas de contribuir a una mejoría de la situación. Podemos ayudar usando el transporte público, ya que éste utiliza casi la mitad del combustible usado por autos convencionales y casi un tercio del que usan las camionetas por cada milla recorrida. En el hogar también hay hábitos que se pueden cambiar, como el de la duración de la ducha, ya que una de cinco minutos utiliza casi 95 litros de agua, lo que equivale a la cantidad de agua que una persona bebe en 50 días.
Siempre es posible integrar la variable del medio ambiente en los planes de desarrollo; en la planificación de las ciudades y la vivienda; en la ratificación de los convenios internacionales, incluyendo el manejo ambiental en los acuerdos; y en la educación, formando un cambio cultural hacia una sociedad más atenta al cuidado del medio ambiente.
Los principios que el Pacto Global ha venido propiciando, desde su origen en 1999, toman cada vez mayor relevancia frente a estos valores universales y el compromiso que sus adherentes han tomado por su defensa.
Para lograr un avance significativo, es fundamental generar una cadena de acción entre los distintos actores sociales, es decir, el sector privado, el gobierno y los ciudadanos. Los discursos en pro de una conciencia y responsabilidad social no son suficientes; es necesario que se acuerden reales acciones como ejemplo para el mundo y, en especial, para los niños, ya que para las generaciones futuras debemos resguardar el planeta
VIA/ LA NACION