Cintia Vanesa Días es licenciada en Ciencias de la Educación egresada de la Universidad Argentina John F. Kennedy. Directora del CapacitaRSE, 1º Centro Virtual de Capacitación Ejecutiva en RSE de Latinoamérica y es consultora independiente. A continuación les presentamos su columna.
Hace un tiempo que vengo reflexionando acerca de nuestro rol como latinoamericanos, y en esta oportunidad tomo la gentil invitación de PROHumana para trasladar el debate a este espacio de pensamiento inteligente y comprometido con el factor humano. Porque después de todo, los latinoamericanos somos, ante todo, personas. Personas con una identidad, una visión, un propósito.
Hoy me cabe preguntar: ¿Cuál es nuestra responsabilidad cultural y social como latinoamericanos, dentro del paradigma de la aldea global? ¿Existe realmente el Ser latinoamericano? ¿Es posible encasillar una conducta responsable dentro de una idiosincrasia particular?
Vivimos en tiempos de Aldea Global, un mundo atravesado por las comunicaciones y la inmediatez que está comprendiendo, poco a poco, que unidad y homogeneidad son dos cosas distintas. La tecnología ha generado una revolución, es cierto, pero creo que el cambio más grande se está produciendo en los seres humanos. Estamos frente a una nueva manera de vincularnos, una nueva forma de apropiación y construcción de conocimiento. Lo que se está transmutando es nuestra conciencia del otro, del sí mismo y de la realidad que nos rodea, nuestras responsabilidades y nuestro rol como habitantes de la Tierra.
Hoy vivimos en un mundo que comenzó a comprender la urgencia del compromiso solidario, y la necesidad del pensamiento divergente. Y es inmersos en esta nueva realidad como debemos comenzar a pensar nuestro futuro.
Siempre me ha llamado la atención cómo las películas futuristas imaginan mundos fantásticos, pero no pueden despegarse de su realidad histórica. Hoy no estamos imaginando un guión de cine (aunque a veces la realidad supera la ficción) estamos tratando de reflexionar sobre nuestro presente dentro de un mundo que nos incorpora y nos supera. En este contexto: ¿Tiene sentido defender nuestra latinoamericaneidad? ¿Existe un modo de ser socialmente responsables que nos sea propio? Estas son cuestiones que hay que pensar entre todos.
Lo que sí está claro es que el debate esta presente, que la riqueza cultural y humana que nos une es un buen punto para comenzar a bosquejar la integración.
Nuestras formas de abordar el mundo que nos rodea, se asemejan. Hemos sido paridos por seres que han sabido defender sus ideales, y a pesar de todas las malas experiencias que atesoramos como pueblos, nos brota la pasión de hacer y trascender.
Latinoamérica late con un ritmo que le es propio, y es justamente esa visión particular lo que la hace valiosa como posibilidad, dentro de la Aldea Global.
Centrándonos en el terreno de la responsabilidad social tenemos que comenzar a confiar más en nuestra intuición y copiar menos. Valorar las pequeñas idiosincrasias que hacen de nuestros pueblos terreno fértil para la innovación, resaltar las costumbres que nos hacen bien, volver a conversar, como lo hacían nuestros abuelos, sentados en la puerta de sus casas al atardecer… porque en ese tipo de conversación surge el conocimiento real del otro, de sus necesidades, de sus esperanzas, de sus saberes. Es en este tipo de conversación, sin apuro, por el puro placer de la interacción, como podemos lograr cosas maravillosas. Esta vez tenemos otras herramientas y otras urgencias, pero la actitud de cercanía es un buen comienzo para desarrollar la empatía y el pensamiento en red.
Si no comenzamos a valorar nuestro pasado, difícilmente podremos proyectar un futuro. La proactividad es un hecho fundamental en la vida de quienes pretenden hacer una diferencia. La responsabilidad social empresarial debe convertirse, poco a poco, en responsabilidad social y cultural, guiada por la intención de preservar y enriquecer el patrimonio humano, con una mirada integral.
Para que los sonidos de la Aldea comiencen a parecerse a una sinfonía, debemos aprender a hacernos Uno con la nota, abandonar nuestra diferencias superficiales y unirnos, alma con alma, para generar una verdadera revolución planetaria que nos involucre a todos.
VIA/ PROHUMANA