Así como el viento es una fuente inagotable de energía, el mar también puede serlo. Las constantes corrientes del océano son capaces de mover grandes hélices, así como el viento hace girar los aerogeneradores. Ese movimiento se transforma en energía.
Rodrigo Cienfuegos, ingeniero de la Universidad Católica, encabeza el proyecto que medirá el potencial energético del canal de Chacao, una de las mejores zonas del país para aprovechar las corrientes.
“Con esto nos estamos preparando para participar en el desarrollo que viene, y no sólo esperar lo que nos llegará de afuera”, asegura el investigador.
Aunque hay varios prototipos de hélices submarinas a prueba, aún la energía mareomotriz no es una industria desarrollada. Escocia y Francia tienen la tarea bastante avanzada, pero queda mucho por hacer. Con qué materiales construir las turbinas, de qué formas y tamaños, y a qué profundidad, siguen siendo preguntas sin respuestas.
El proyecto chileno, que ganó un Fondo de Fomento para la Ciencia y Tecnología (Fondef) con recursos para tres años, hará un mapa del fondo marino del canal. El objetivo es obtener una especie de radiografía que permita determinar los mejores lugares para instalar las turbinas para que sean productivas, además de que no interrumpan las vías de navegación y de paso de la fauna marina.
Aunque aún no existen las hélices que se utilizarían, el ingeniero estima que éstas cubrirán una gran extensión del canal. “Será como una granja eólica, pero bajo el agua”.
Los movimientos del agua son mucho más previsibles que los del viento, por lo que se apuesta por una generación segura. Cienfuegos cuenta que medirán las corrientes por zonas y con eso podrán construir un mapa de los mejores puntos de instalación.
Aunque los pequeños peces no deberían tener problemas con las enormes estructuras -como se mueven más lento que los aerogeneradores, podrán escabullirse entre sus aspas-, tratarán de evitar las vías de migración o alimentación de ballenas o delfines.
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