En el marco de la Cena de las Industrias, Unilever presentó la “Guía Zero Waste To Landfill, recomendaciones prácticas para la implementación”, con el fin de motivar al mundo privado a optar por no generar residuos. “Esto significa botar ‘cero’ desperdicios a los rellenos sanitarios. En cambio, estos desechos se pueden reciclar, reutilizar o reducir”, cuenta Sebastián Wodka, director gerente general de Unilever. Además, señala que esta guía es un instrumento práctico para compartir con la industria en general y entender que no implica hacer grandes inversiones. “Lo importante es generar una cultura, comportamiento y control al respecto”, enfatiza.
El primer paso lo dio Unilever hace poco más de dos años, cuando convirtió a la planta Panamericana en la primera en nuestro país con la denominación de zero landfill, “aunque hace poco más de una semana terminamos nuestra tercera planta con la denominación de zero waste to landfill, logrando así, la totalidad de estas instalaciones en Chile”.
Este proceso contempló un diagnóstico de por qué se producen los desperdicios y entender desde la más alta dirección de las empresas que hay una responsabilidad con el medioambiente.
“Nosotros tenemos la obligación de satisfacer las necesidades actuales de las personas, sin afectar a los que vienen. La única manera de no afectar las necesidades futuras es teniendo un cuidado por el medioambiente, evitar la contaminación y cuidar el agua”, manifestó Hermann von Mühlenbrock, presidente de la Sofofa.
De acuerdo al líder de la agrupación industrial, “Chile lo está haciendo bien. Aunque siempre las cosas se pueden mejorar. Nuestro país tiene una buena institucionalidad, hay muchas empresas y agrupaciones que se preocupan del tema. Hemos avanzado bastante, ya no se habla de desechos, sino de coproductos, por ejemplo”, dice Hermann von Mühlenbrock.
Primeros pasos
De acuerdo a la guía, hay nueve pasos dentro del diagnóstico de una organización. El primero consiste en identificar los puntos de generación de desechos. Luego, está la clasificación de residuos que se generan, donde resulta de gran ayuda acotar zonas de evaluación para identificar cada proceso, frecuencia y motivo de la generación.
Como tercera etapa está la cuantificación de residuos: verificar exactamente cuántos se generan en cada espacio y de qué tipo son, para determinar cuántos contenedores y de qué tamaño se necesitan por cada zona.
El destino actual de los residuos es el cuarto paso y consiste en analizar en detalle el recorrido de éstos y dónde terminan. Una parte clave es mapear el grado de conocimiento actual de los trabajadores y capacitarlos para la separación de residuos. Posterior a ello está la creación de un “árbol de pérdidas” que implica una dinámica que permite monitorear la generación por zona de cada tipo de residuos. Lo primero es la reducción de mermas, luego el reuso y finalmente el reciclado.
Después viene la verificación del cumplimiento legal, con el fin de determinar si se está cumpliendo con los requerimientos sanitarios de generación, acopio y disposición de desechos, dispuestos por la autoridad. Pero el diagnóstico no puede realizarse sin análisis de costos. Hay que valorizar los costos de implementar y adquirir infraestructura. Finalmente están las alternativas de disposición final. Ahí se revisar, evalúa y cotiza el servicio de disposición de residuos entre las empresas proveedoras.