El anuncio en Chile de un eventual impuesto a la comida “chatarra” se une a otras medidas que incluyen, incluso, quitar la tuición a los padres de niños gordos.
El californiano condado de Santa Clara, en el corazón de Silicon Valley (EE.UU.), aprobó ayer prohibir a los restaurantes utilizar juguetes para incitar a los niños a consumir alimentos altamente calóricos y salados. El objetivo es poner freno a los elevados índices de obesidad infantil: uno de cada cinco niños de 6 a 19 años es obeso.
La prohibición comenzará a aplicarse dentro de tres meses, a menos que las grandes cadenas de comida rápida y las asociaciones de restaurantes del estado presenten una solución alternativa.
La medida coincide con la propuesta hecha esta semana por el ministro de Salud chileno, Jaime Mañalich, respecto de la posibilidad de aumentar los impuestos a los alimentos considerados “chatarra”, es decir, ricos en sal y grasas. “Las campañas de educación sirven, pero no son suficientes para generar cambios dramáticos”, dijo.
Según cifras oficiales, el 62% de la población chilena sufre de sobrepeso u obesidad, mientras que unas 100 personas mueren diariamente en el país a causa de problemas cardiovasculares asociados.
La iniciativa no es nueva y se suma a otros esfuerzos mundiales por detener el avance de la epidemia de obesidad: países como Francia y Suecia también han propuesto el aumento del IVA a pizzas, hamburguesas, papas fritas y otras comidas consideradas poco saludables.
En México, la Cámara de Diputados aprobó el martes dos reformas para prohibir la venta de comida “chatarra” en los colegios y para hacer obligatorio el ejercicio físico en las escuelas de ese país, donde la obesidad afecta al 30% de los niños y al 40% de la población total.
En EE.UU. -país que ya prohibió la venta de bebidas gaseosas en los colegios- es la propia Primera Dama, Michelle Obama, quien lidera la campaña “Let’s move” (“Movámonos”), que insta a los niños a realizar al menos 60 minutos de actividad física todos los días.
Al otro lado del planeta, en Corea del Sur, China y Japón, el ejercicio también ha sido la herramienta de lucha contra la gordura, a través de campamentos de verano para niños obesos o del pago de programas de actividad física en gimnasios a quienes tienen kilos de sobra.
En el Viejo Continente, el Parlamento Europeo ha llamado a sus estados miembros a dejar de vender alimentos y bebidas ricos en grasas, sal o azúcar en los colegios. Asimismo, instó a los gobiernos a reducir el impuesto a frutas y verduras.
Además de campañas publicitarias fomentando el ejercicio, en Alemania desde hace dos años se ha incorporado a las aulas una asignatura de alimentación sana. Algo similar hizo Gran Bretaña (con clases de cocina obligatorias). Ahí, así como en España, también se ha implementado una de las medidas más extremas: quitar la tuición a los padres de niños obesos.
“Las iniciativas son muchas y aún es muy reciente para ver sus resultados”, dice el doctor Eduardo Atalah, past president de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición. Como los consumidores están más preocupados por la alimentación, a su juicio, una de las medidas es implementar mensajes claros en el etiquetado.
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