Antonia Echeverría, Terapeuta Ocupacional del Servicio Nacional de la Discapacidad, escribió en exclusiva esta columna para PROhumana sobre la inclusión laboral de discapacitados. ¡Te invitamos a leerla!
Día a día las empresas buscan trabajadores que sean responsables, comprometidos, motivados y que posean una buena disposición al trabajo en equipo. Día a día las empresas buscan este perfil de trabajador y/o trabajadora en los diferentes portales de empleo y bolsas de trabajo. Pero, ¿qué pasa si este trabajador o esta trabajadora posee algún tipo de discapacidad?
En Chile, según el Estudio Nacional de la Discapacidad (2004), un 12,9% de la población posee algún tipo de discapacidad, y de este porcentaje, un 70,8% no realizan trabajo remunerado, es decir, más de un millón de chilenos y chilenas en situación de discapacidad, no desempeña su rol laboral.
Las empresas y la sociedad en general, no visualizan a las personas con discapacidad como seres humanos productivos, competentes y capaces. Las empresas no saben dónde encontrar el perfil del trabajador o trabajadora que buscan para su empresa, por desconocimiento y falta de información. No todas las empresas han tenido la oportunidad de experimentar el gran beneficio que es contratar a una persona en situación de discapacidad como un individuo más de su masa productiva, con un contrato de trabajo y ejerciendo la normativa vigente regulada principalmente por el Código del Trabajo, sin perjuicio de las demás normativas que rigen actualmente el tema.
La inclusión laboral está inserta en el modelo de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), en donde las empresas adquieren el compromiso de generar ambientes laborales justos, productivos y potenciadores. Justos, en donde no hay cabida a la discriminación y en donde los valores y políticas de la empresa se reflejan interna y externamente. Productivos, en términos de competencias laborales de sus empleados; calidad de los servicios y productos; y gestión de sus operaciones. Potenciadores, es decir, que promuevan el desarrollo y crecimiento personal y profesional de su comunidad. En consecuencia, las empresas y sus negocios, son sustentables puesto que atraen y retienen los mejores talentos, productos y/o servicios.
En la Región Metropolitana, de las 376 mil empresas, sólo 272 (es decir, el 0,09%) han enfrentado el desafío de incorporar a un trabajador o trabajadora en situación de discapacidad, desde el año 2002. No bajo el concepto de caridad ni ayuda, sino que bajo la perspectiva de la RSE. Creando espacios justos, en la medida de brindar las oportunidades para que las personas en situación de discapacidad puedan desempeñarse al interior de éstas, realizando ajustes razonables a su condición de salud; promoviendo la productividad según las competencias formales (grado de formación) y personales (características individuales, que en general en las personas en situación de discapacidad son la resiliencia, tolerancia a la frustración, esfuerzo, constancia y compromiso); y potenciadores, ya que el hecho de crear climas organizacionales heterogéneos, permite promover la tolerancia y diversidad cultural, reconociendo a todos los integrantes de la sociedad como seres humanos productivos y necesarios. Luego, estas empresas han concedido que 581 personas obtengan un empleo formal, desempeñando su rol productivo, validándose socialmente a pesar de sus limitaciones y desarrollándose de manera integral como cualquier chileno o chilena.
El aporte que hoy las empresas y la sociedad podamos dar, cada uno acorde a sus posibilidades, nos permitirá el día de mañana gozar a todos. Promover y facilitar la inclusión no es solamente tarea de las personas con discapacidad, sino de la sociedad, porque todos somos potenciales portadores de algún tipo de limitación. Dar el primer paso es avanzar en este gran camino de la inclusión y ser testigo del prestigio y aporte que puede otorgar un trabajador o trabajadora con algún tipo de discapacidad en su empresa.
VIA/ PROHUMANA