Misión cumplida. Al cabo de 48 horas, el geólogo Iain Stewart culminó su “encierro” de 48 horas en una urna de cristal sellada. Stewart “sobrevivió” gracias al oxígeno generado por una “selva” de bananeros, maíz y otras hierbas tropicales, seleccionadas precisamente por su alta capacidad para la fotosíntesis.
Visiblemente fatigado (apenas logró dormir unas horas en una hamaca bajo el fogonazo de los reflectores), Stewart salió de la “burbuja” de 12 metros cuadrados con una sensación de ingravidez parecida a la de los astronautas, deseando respirar a pleno pulmón.
“Ha sido duro eso de habituarse a funcionar con bajos niveles de oxígeno“, reconoció. “Lo pagué caro en las horas iníciales. Me moví más de lo necesario y empecé a sentir náuseas y mareos. Decidí tumbarme en la hamaca y dar tiempo a las plantas hasta que subió el nivel de oxígeno. Yo se lo agradecí luego con un buen chorro de la regadera, a falta de lluvia…”
Ante la urna de Stewart, estratégicamente emplazada dentro del invernadero más grande del mundo (el Proyecto Edén de Cornwall), han desfilado cientos de curiosos a lo largo del eterno fin de semana.
“Se me ha hecho largo, sí, pero los mensajes de ánimo, sobre todo de los niños, me han ayudado a seguir adelante. Es curioso, porque con ellos no hay que entrar en detalles sobre el por qué el experimento. Lo captan enseguida: la urna de cristal es la Tierra y yo soy la especie humana, en continua interacción con el mundo vegetal. Yo emito dióxido de carbono, las plantas lo absorben y producen a cambio oxígeno, con la ayuda de la luz y del agua”.
La proeza de Stewart –comparada con la del ilusionista David Blaine, que estuvo 44 días colgado del puente de la Torre de Londres en una urna de cristal- es el hilo conductor de una serie de la BBC, “Cómo las plantas hicieron el mundo”, que se emitirá el próximo año.
El geólogo ha estado vigilado en todo momento por un equipo de médicos del Centro para la Medicina en Altitudes y Ambientes Extremos, del University College de Londres. La doctora Katrina Hope midió constantemente los niveles de oxígeno y tomó periódicamente la tensión al “cobaya” humano, que tenía por si acaso disponible el camino de salida de la urna rectangular, en caso de emergencia.
VÍA/ELMUNDO