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Enormes ciudades como Santiago son la antítesis de lo sustentable

En el día en que se vota la modificación al Plano Regulador Metropolitano de Santiago, una interesante nota de El Mercurio no hace reflexionar sobre lo poco sustentables que son las grandes urbes y lo poco que se ha avanzado en esta materia en nuestra ciudad. Lee la nota a continuación:

La aglomeración y el alto consumo harán más difícil la vida y la convivencia con los trastornos que está produciendo el cambio climático. Según los expertos, aún hay tiempo para revertir este proceso.

Según las Naciones Unidas, para 2030, el 59% de la población mundial vivirá en ciudades. Toda esa gente se concentrará en sólo el 2% de la superficie terrestre, desde donde se emitirá el 70% de los gases de efecto invernadero. Si no se hace algo, dice el “Reporte global de asentamientos humanos de 2011” de la organización, la sustentabilidad del planeta, su economía y la estabilidad social estarán amenazadas.

“La ciudades de hoy están pensadas para consumir y para producir más consumo”, asegura Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, quien participó la semana pasada en el seminario “Sustentabilidad en el Espacio Construido”, en la U. de Talca.

Rueda es parte de un proyecto que busca transformar las ciudades en espacios que imiten la “capacidad de los organismos vivos de consumir un mínimo de recursos con un máximo de eficiencia”. Aquí, explicó desde Talca, “tienen un gran potencial para transformar sus ciudades”.

Pero la aglomeración de gente en espacios reducidos no sólo lleva a una vida estresada y a falta de recursos, sino también a hacer caso omiso del cambio climático. No sólo se tratará, dice el informe de la ONU, de poblaciones desplazadas de sus hogares, sino también de falta de agua potable, de energía y de todo tipo de insumos. “Las acciones locales son las más importantes, y por medio de las cuales se ven resultados concretos”.

Convertir una ciudad contaminante en una sustentable, asegura Salvador Rueda, no es fácil. No sólo se trata de invertir en mejor transporte o energías renovables sino también de efectuar un cambio cultural. “Cuando quisimos implementar un nuevo sistema de transporte en la ciudad vasca Vitoria-Gasteiz, el único ejemplo que había era el fracaso del Transantiago. Todos me decían que no se podía, pero sí se pudo, y con éxito”.

Vitoria-Gasteiz será la capital verde de Europa en 2012 y su transporte es sólo una de las cosas que le valieron el reconocimiento. Anillos verdes donde cada habitante dispone de 300 m de naturaleza, un plan de ahorro diario de agua y torres de departamentos que se calefaccionan con el sol son parte de las iniciativas.

“Cada ciudad es distinta, por lo que hay que adecuar las soluciones”, explica el experto, considerando ciertos pilares sobre los cuales construir una urbe verde. “Debe volverse autosustentable energéticamente. Las tecnologías eólica y solar no sólo reducirán la dependencia de la ciudad sino que también generarán polos locales de desarrollo”.

Otro pilar es la biodiversidad. “Poder ir a un área donde se escuchen las hojas moviéndose con el viento, pájaros cantando y agua corriendo es una forma de acercar al hombre a la naturaleza; una convivencia que necesita todo ser humano y que también eleva la calidad de vida”.

Lo mismo pasa, dice, con la movilidad. “Creando zonas o súper manzanas donde no se puede ingresar en autos particulares desincentiva su uso. Ya tenemos manzanas funcionando en Barcelona y en Vitoria-Gasteiz“. Es un cambio que cuesta, dice, pero que mejora la vida de todos.

Algunos datos:

13% de los gases invernadero del mundo son producidos por el transporte.

8% de la contaminación ambiental en la Tierra es generada por viviendas.

67 millones de personas a nivel global se trasladan cada año a ciudades.

VIA/ELMERCURIO