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El viaje es más importante que el destino

Columna de Mauricio Pérez, gerente de Recursos Humanos de Indra en Chile.

En el régimen actual de trabajo, especialmente relacionado con la sobreexigencia diaria de logros de objetivos individuales, los beneficios personales muchas veces pueden ser considerados pocos e, inclusive, inexistentes.

Nada es casual al enumerar la cantidad de objetivos que tenemos que alcanzar una vez que empezamos nuestra semana. Luego debemos planificar el número de tareas a desarrollar para sacar cada uno de ellos adelante, sin enumerar los distintos obstáculos que encontraremos en el camino antes de terminarlos de acuerdo a la exigencia previa estipulada.

Sin embargo, la felicidad personal, a diferencia del éxito laboral, no se encuentra al haber concluido una tarea, sino en el camino que recorremos para llegar al logro encomendado.

Es triste la diferencia que se produce al separar la parte personal de la laboral. Si lo hacemos, generamos un desfase no conciliable, que produce angustia y sin sentido en nuestra vida diaria. Si no degustamos nuestro camino diario en el trabajo, la carga será pesada, y ella sólo se aliviará cuando consigamos nuestros objetivos o tareas encomendadas. Si no disfrutamos nuestra labor diaria, el estrés y los síntomas iniciales depresivos comenzarán a aparecer, bajando nuestra calidad de vida, afectando nuestro trabajo y nuestra relación con la familia y amigos.

Si no nos conocemos a nosotros mismos, no seremos capaces de encontrar nuestra veta, para focalizarnos en aquello que nos gusta y llegar a sentir pasión por nuestra propia vida, minuto a minuto. Sólo si lo hacemos, nuestro trabajo será percibido como una “bendición” y no como un “karma”, y los sin sabores diarios serán, más bien, oportunidades que permitirán hacer crecer mi labor diaria, la de mi equipo y de la organización.

El sentimiento de poder (yo soy garante y experto en mi trabajo)­­ y de generación de vínculos (mi trabajo se potencia al trabajar en equipo), también son factores a considerar como medios para potenciar nuestra felicidad diaria.

Pero sólo existe una motivación que tiene un efecto permanente y trascendente: reconocer el bien, ya sea hacia el prójimo, los clientes u organización, en cada una de las tareas que realizamos en nuestro día a día.