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Educación financiera: diagnóstico compartido, respuestas individuales

Por: Consuelo Alvear, Jefa de Sostenibilidad Gerencia de Comunicaciones y Sostenibilidad, Santander Chile

Las altas cifras de inclusión financiera en Chile esconden sí una realidad preocupante, porque sólo cuatro de cada diez personas tienen dominio en materias de educación financiera.


Chile ha desarrollado un sistema financiero robusto, que le ha permitido contar con una alta inclusión financiera. En efecto, 98% de los mayores de 15 años tiene algún producto financiero, y un tercio cuenta con alguna tarjeta bancaria. Sin embargo, no todo son buenas noticias. Como lo señala el Primer Informe de Educación Financiera de la Superintendencia de Bancos, “somos analfabetos financieros en un escenario de alta inclusión”, y así lo reafirma el reciente estudio de la OCDE que sitúa a Chile entre los países con menos comprensión financiera.
Y es que tal como el nivel de alfabetización de un país ya no puede medirse sólo considerando cuántas personas pueden leer, sino por cuán capaces son de comprender, lo mismo ocurre con el alfabetismo financiero: la cobertura es fundamental, pero la comprensión resulta crítica. Así, estas cifras de inclusión esconden una realidad preocupante, porque sólo cuatro de cada diez personas tienen dominio en materias de educación financiera.
Si bien hoy se llevan a cabo diversas iniciativas, la mayoría está concentrada en promover el ahorro, mientras el resto de los esfuerzos se dispersa. Es importante alinear objetivos y promover esta alfabetización, entendiendo que contribuirá a la calidad de vida de las personas, permitiéndoles progresar y alcanzar sus metas.
Debemos incorporar desde temprana edad este camino de formación, con un currículo progresivo que aporte a la profundización de materias más complejas. Así, podremos ir estructurando otros contenidos como emprendimiento e innovación, todos decisivos en la cadena productiva de un país.
Chile ya cuenta con un diagnóstico claro sobre su nivel de educación financiera. Nos queda ahora trabajar en una propuesta integrada, sumando el esfuerzo público y privado, para dar vida a un nuevo nivel de alfabetización.

VÍA/WEB