Columna de Gerardo Wijnant, Gerente General de Fundación Comparte y encargado del Proyecto Nacional Comercio Justo. También es miembro del Directorio de WFTO en Latinoamérica (WFTO es la Organizacion Mundial de Comercio Justo).
Hoy el mercado ofrece una vorágine de ofertas de diversos productos, cuyas formas de elaboración y orígenes desconocemos. Son vendidos a precios irrisorios, por lo general artículos estándares carentes de un elemento que los identifique como parte de una localidad y cultura. No sabemos quién los elaboró y que hay detrás de cada uno de ellos. En medio de esta realidad, cada día los consumidores adquieren gradualmente conciencia de la necesidad de optar por productos que exteriorizan la forma en que fueron elaborados, sobre la base de principios éticos como la justicia, equidad, y el respeto por el medioambiente y por la salud de las personas. Sin ir más lejos, una reciente encuesta de la Universidad Diego Portales detectó que un 62% de los encuestados dejarían de comprar a una empresa un producto en represalia por el impacto que causan en el medioambiente.
Entre la toma de conciencia de los consumidores y la profesionalización del comercio justo han aparecido los sellos y certificaciones que garantizan las formas de producción inocuas para la salud del consumidor y para los ecosistemas, entregando a su vez certeza de que, a través de la compra, se está optando por una opción más ética de comercialización, que fomenta la equidad y el respeto hacia el trabajo de productores (as) y artesanos (as).
La idea de los sellos de comercio justo nace desde los importadores internacionales de los productos de fair trade de países en Europa y Estados Unidos (supermercados, cadenas de distribución y tiendas) que no daban abasto a la enorme gama de artículos que se exportaban, desde miel, café hasta juguetes de madera. Era necesario certificarlos mediante un sello de garantía que avalara en forma seria su calidad frente al consumidor y a las cadenas de distribución.
Para un consumidor conciente, que busca productos seleccionados y muy específicos, es fundamental la existencia de un sello serio, que certifique la elaboración de productos cumpliendo estándares éticos mínimos.
En el comercio justo, existe el sello que entrega IFAT- WFTO (World Fair Trade Organization), la federación mundial de comercio justo, instancia que hoy se encuentra trabajando en la elaboración de un sello simplificado para sus productores (as) asociados (as) con el objeto de apoyar a los más pequeños, puesto que sólos tendrían escasas posibilidades de acceso a mercados, ya que carecen de alternativas para su venta y su nivel de producción es reducido. Esta organización democrática certifica a las organizaciones que trabajan con pequeños productores y artesanos y que, al mismo tiempo, cumplen con estándares de comercio justo, siendo además la única instancia en la que cada miembro, ya sea pequeño o grande, está a un mismo nivel para decidir y votar nuevas políticas a desarrollar.
En el ámbito alimentario y para exportaciones más masivas, existe el sello FLO (Fairtrade Labelling Organizations Internacional), organización mundial de comercio justo que promueve sellos para productos específicos, como el cacao, el café, los plátanos, entre otros. Se aboca a entregar garantías más técnicas enfocadas a productos de exportación en grandes volúmenes con el fin de brindar una marca diferenciadora que garantiza que los alimentos están libres de transgénicos, son elaborados bajo estándares de higiene e inocuidad, fomentando el uso de elementos orgánicos que no dañan la salud de las personas ni el medioambiente. El sello FLO se justifica para productos que se exportan en grandes cantidades y que deben llegar a supermercados, por ejemplo. Es decir, este sello podría aplicarse para una segunda etapa para los productores en Chile.
En la realidad de nuestro país, donde los productores de comercio justo tienen, en su mayoría, una pequeña capacidad productiva, la alternativa de certificación de IFAT- WTFO es la opción que más se adecua a la realidad local. Pequeños productores pueden trabajar bajo el paraguas de comercializadoras de comercio justo como Comparte, entidad que cuenta con esta certificación. De esta manera, todo aquel productor que toma la decisión de trabajar con la organización previamente certificada, tiene la posibilidad de llegar a los mercados vinculados a ella, sin complicaciones.
Sin lugar a dudas, los sellos en el comercio justo son cada vez más relevantes para el consumidor, puesto que le otorgan un valor agregado al producto y le dan plena certeza del cumplimiento de los estándares internacionales para este tipo de comercialización. Aseguran que se entrega un pago adecuado al productor y a tiempo, haciendo la diferencia entre este producto a otro proveniente del comercio más convencional; avalan que el producto ha sido elaborado con el debido cuidado de no dañar el ecosistema, de utilizar elementos orgánicos e inocuos para la salud del consumidor. Algo que finalmente se traduce en mejores ventas para los productores (as) y artesanos (as), ya que mediante un sello pueden llegar a mercados grandes, masivos y ampliar sus circuitos comerciales.