Hoy compartimos con ustedes la siguiente columna de Antonio Vives, socio principal de Cumpetere y autor de numerosos artículos y libros sobre RSE.
En los últimos años se puede percibir un aumento en el interés de los sindicatos por la responsabilidad de las empresas. Muchos sindicatos, particularmente en países más desarrollados, han extendido se preocupación más allá de las condiciones laborales en la empresa hacia un interés más amplio de su responsabilidad y se preocupan por la responsabilidad de los productos, impactos ambientales, etc. Podríamos decir que están comenzando a ejercer su papel de organización social responsable, preocupada del bienestar de la sociedad. O por lo menos que las empresas lo hagan.
Pero ¿piden responsabilidades a las empresas que ellos como institución no ejercen? Ha llegado el momento en que los sindicatos analicen su responsabilidad ante la sociedad. Y aquí no nos referimos a sus obras sociales, caritativas o de solidaridad. Lo que para la empresa sería filantropía. Tampoco nos referimos al tratamiento de sus empleados o consumo de agua. Nos referimos a su responsabilidad ante la sociedad en un sentido estratégico.
Los sindicatos pueden ser tanto o más miopes que las empresas a las cuales critican.
Si la prioridad número uno de las empresas es la supervivencia corporativa y de sus ejecutivos, también lo es la de los sindicatos. Si la prioridad de las empresas es ganar dinero, la de los sindicatos es proteger sus cargos y los de sus afiliados. Si para hacerlo las empresas ponen el beneficio propio sobre el bien común, los sindicatos también ponen los intereses propios y de sus afiliados por encima de los del resto de la sociedad. ¿Sería aceptable que la empresa se preocupe solamente de sus ejecutivos y de sus empelados actuales …………. O solo de sus dueños/accionistas actuales? Si le exigimos a las empresas que se preocupen del impacto de sus actividades más allá de sus clientes, debemos exigirle a los sindicatos que extiendan su responsabilidad más allá de sus afiliados.
Les criticamos a las empresas, correctamente, su involucramiento en cabildeo para favorecer sus intereses, en influenciar leyes o regulaciones para su beneficio. Los sindicatos también se dedican a ello con su involucramiento directo en política. Y no deben confundir el liderazgo ante sus afiliados con activismo político. Así como las empresas no son ni deben actuar como un partido político, los sindicatos tampoco. La sociedad incluye a todas las ideologías políticas.
Las empresas están despertando al posible conflicto entre bien individual y bien común, que lo que les conviene a ellos puede ser dañino para la sociedad. Pero están buscando maneras de minimizar estos potenciales conflictos, en algunos casos tratando de favorecer directamente a la sociedad a través de sus actividades y hasta en algunos casos de aprovechar que, persiguiendo el bien común, puede mejorar el bien corporativo. Algunas más, otras menos, pero hay progreso.
Pero muchos sindicatos están todavía muy lejos de esta visión. Si para proteger los intereses de los líderes o de sus afiliados hay que impedir medidas de liberación del mercado laboral que puedan contribuir al desarrollo económico, se hace. Si para proteger este bien individual hay que poner trabas a que los desempleados y en especial a que los jóvenes encuentren trabajo, se hace. Si para lograr sus objetivos individuales hay que causar un mal colectivo se hace (los que tengan que circular por alguna gran ciudad como Madrid o Buenos Aires cuando los sindicatos deciden hacer “movilizaciones” saben a qué me refiero). ¿Movilizaciones a favor de la sociedad o de algunos?
Todo esto es una visión miope: Si los jóvenes no entran al mercado laboral y progresan, ¿de dónde saldrán los recursos para pagar las pensiones del sistema público? ¿De los escasos recursos fiscales del estado?, que llevan a los déficits y al círculo vicioso del endeudamiento, pago de intereses, endeudamiento más caro, mas endeudamiento y eventualmente reducción de las pensiones.
Si los sindicatos protegen a los maestros afiliados en el sistema educativo oponiéndose a la evaluación y promoción en base a mérito, están contribuyendo a un deterioro continuado de la educación, que perjudica a los hijos de sus miembros y los de los demás trabajadores, a toda la sociedad.
Y no me estoy refiriendo a ningún sindicato en particular, como en el caso de las empresas hay justos y pecadores. Pero algunos conocen los ejemplos de los piqueteros en Argentina o del sindicato de maestros en México y hasta en Estados Unidos.
Visitando Italia he podido constatar lo que podríamos llamar irresponsabilidad social de los sindicatos, sindicatos luchando denodadamente para impedir la derogación del famoso artículo 18 que prácticamente impide el despido, que hace que los jóvenes solo puedan ser empleados con contratos temporales, de aprendices, con pagos para profesionales universitarios al nivel de sueldo mínimo. ¿Que será del futuro del país cuando los jóvenes no pueden desarrollarse profesionalmente?
Ciertamente que la situación económica de los países no es su culpa, pero sí podrían mejorar su contribución a resolverla si ejercieran la responsabilidad ante la sociedad que le piden a las empresas. Buena parte del problema es que su interés personal en seguir al frente del sindicato les impide tomar decisiones estratégicas de bien común que puedan perjudicar, en el corto plazo, a sus afiliados, que los eligen. Igual que los políticos, igual que las empresas.
¿Qué pueden aprender los sindicatos de la RS de la Empresa? Empecemos por levantar la mira, ver más allá del círculo interno y del corto plazo, más allá en el espacio y en el tiempo. Los stakeholders de los sindicatos no son solo los miembros presentes, sus stakeholders son TODOS los trabajadores pasados, presentes y futuros, o sea la sociedad. Así como las empresas están empezando a entender que les conviene a sus negocios operar en una sociedad próspera, los sindicatos deben entender que una sociedad próspera también favorece sus intereses.
No estoy pidiendo la utopía de que los sindicatos equiparen a sus miembros con el resto de la sociedad, pero es oportuno que los sindicatos eleven su mira y consideren el impacto de sus actividades sobre la sociedad, que consideren su responsabilidad ante la sociedad, en el sentido amplio que le exigimos a las empresas, a la hora de tomar decisiones y planificar sus actividades.
La responsabilidad social de los sindicatos puede aprender mucho del reciente progreso en la responsabilidad social de la empresa. Debemos movernos de la confrontación entre los intereses de las empresas y los de los empleados hacia la colaboración. La responsabilidad social de la empresa está permitiendo este movimiento, que debe ser complementado por la responsabilidad social de los sindicatos.
Ojala llegue el día en que las empresas y los sindicatos tengan como objetivo común el progreso de la sociedad como un todo y no solo el de sus intereses privados.