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Columna: El Chile de la CASEN

Columna de Antonino Castellucci. Gerente General de Autopista Vespucio Norte

Si hacemos una encuesta, quizás la palabra de moda, o más utilizada en debates, columnas de opinión, noticiarios, crónicas, cartas al director, blogs, y hasta en Twitter es “CASEN”, la famosa y mediática Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional.

Y la moda, quizás por varios factores, es la  posibilidad que todos tenemos de opinar en un sin fin de medios, como los mencionados, la sociedad de la información en su plenitud; aquí cada uno de nosotros es un opinólogo, reportero, analista o simplemente lector, auditor o receptor de esta información.

La segunda tiene que ver con el tema de fondo: Los resultados, que indican  que el 10% de familias de mayores ingresos recibe en promedio poco menos de 3 millones de pesos, mientras que en el 10% de los hogares más pobres se las arreglan con 114 mil pesos.

Los números dan cuenta de un incremento de 9% en los ingresos de los más ricos, y un aumento de la brecha con los más pobres; grupo que aumentó  sus ingresos en apenas 1%, equivalente a $990, pues antes recibían $113.010 y hoy la cifra es de $114.000.

Quizás nunca como antes habíamos presenciado un debate tan fuerte y sostenido en torno a políticas sociales, rol del Estado, asignación de recursos y opiniones divergentes en torno a un tema que cruza transversalmente la sociedad. Soslayando las culpas cruzadas de algunos dirigentes políticos,  que más que aportar, empobrecen el debate, hay que buscar los aspectos centrales de esta realidad bipolar que se mueve entre polos significativamente  contradictorios, para avanzar de manera concreta en las soluciones que acorten esta brecha.

Un ejemplo de lo anterior; Chile exhibe -con orgullo- desde 2008 el per cápita más alto de la región. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que tal condición la mantendrá hasta al menos el 2014. El promedio para los 17 millones de chilenos, es de US$ 14.992. O sea, a cada uno le correspondería casi $ 700 mil mensuales, situación que evidentemente no se produce ni en el mejor de nuestros sueños.

Probablemente las soluciones no se dan en el corto plazo, pero quizás uno de los consensos en torno a esta realidad se da en la educación, otro de los debates que han marcado la pauta, luego de los paupérrimos resultados en torno a las mediciones realizadas en el país. Es fundamental comenzar a sacar aquel predeterminismo en el que el origen determina el destino.

La educación, es la vía que puede generar ese cambio, es la salida de escape en la que debemos centrar todos, no algunos, sino “todos”, los esfuerzos para comenzar a disminuir las brechas que nos dividen, y que hoy constituyen un obstáculo estructural.

No podemos pretender ser un país que sostenga altas tasas de crecimiento, con una fuerza de trabajo de una población que en un 50% es analfabeta funcional (no entiende lo que lee). Para superar esta dicotomía  latente, de polos opuestos con excelentes índices en lo macroeconómico, y profundos vacíos educacionales, tenemos que volver al Capital Humano, la educación nos permite esa salida, como punto de quiebre para comenzar una escalada  hacia el Chile más responsable, coherente y verdaderamente exitoso.