Sobre un importante trabajo de investigación de la vida oceánica, El Mercurio nos cuenta. Se trata de las conclusiones finales del Censo de la Vida Marina 2000-2010, donde incluso investigadores chilenos participaron.
Gracias al macroprograma de exploración, el número de especies conocidas llegó a casi 250 mil. Seis mil fueron identificadas por primera vez.
Más de 2.700 investigadores de 80 países, incluyendo a Chile, participaron durante 10 años en 540 expediciones para obtener el más preciso reporte que se ha conocido de la biodiversidad marina del planeta. En los meses anteriores ya se había adelantado parte de su contenido.
Ayer, un grupo de representantes de los científicos involucrados presentaron en Londres el informe final del trabajo, que incluye una enorme base de datos, tres libros oficiales, 2 mil 600 publicaciones científicas, documentales, y diversos proyectos en áreas específicas del planeta, algunos de los que todavía están en marcha.
Jurel ausente
“Con los datos que conseguimos hemos obtenido toda una nueva visión de lo que es la biodiversidad de los océanos”, destaca Víctor Gallardo, oceanógrafo de la U. de Concepción. El científico es uno de los vicepresidentes del programa mundial a cargo del proyecto.
Destacó que la información permite reconocer la importancia del recurso genético disponible y también el potencial biotecnológico y ambiental.
Una de las principales conclusiones es que el mar posee mayor biodiversidad de la que se creía. Si antes se calculaba que el número de especies marinas alcanzaba a las 230 mil, ahora el número se empina hasta las 250 mil. Durante el censo, los investigadores observaron al menos 6 mil especies de las que no tenían conocimiento y documentaron con precisión mil 200 de ellas, incluyendo decenas de copépodos, unos crustáceos sin caparazón y casi microscópicos que fueron encontrados frente a Angola, en África.
Gallardo destaca que en el caso chileno el hallazgo más llamativo es un crustáceo encontrado al sur de Isla de Pascua. “No sólo resultó ser una nueva especie, sino también un nuevo género y una nueva familia, lo que indica que en nuestra zona tenemos un gran ámbito de descubrimientos por delante”.
Para el científico, el hito más importante es el descubrimiento de un gran cinturón de bacterias gigantes entre el norte del Perú y el Golfo de Arauco, y que son la verdadera base de la pirámide alimentaria en el mar de Chile. “Producen sustancias químicas que son muy apetecidas por el fitoplancton. Hasta ahora la riqueza pesquera de nuestras costas se había atribuido a la abundancia de fitoplancton, el alimento básico de los animales mayores, “pero éste tenía que recibir de alguna parte sus nutrientes”.
Otra de las conclusiones del censo fue que el tamaño y cantidad de los habitantes del mar ha disminuido como consecuencia de la explotación humana del recurso. Pero en el hemisferio sur habría factores adicionales, dice Gallardo. “Tenemos un sistema oceanográfico diferente, con cambios en la temperatura, las corrientes y la actividad del Sol”. Cita, por ejemplo, la actual escasez de jurel en nuestras costas. “No he escuchado a nadie que diga que el mar está más tibio que lo normal. Habría que ver hace cuántos años que eso no pasaba. Ésa es la causa que ahora el jurel esté mar afuera, muy lejos”.
90%
es el porcentaje de la vida marina que corresponde a microbios y que sólo ahora han comenzado a ser estudiados.
US$ 650 millones
es el costo total del proyecto durante diez años. La fundación Sloane financió US$ 75 millones.
670 instituciones públicas y privadas participaron en el censo. En Chile, uno de los principales colaboradores fue la Universidad de Concepción.
VIA/ EL MERCURIO