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Sintonizar, voltear hacia afuera: cultivar un liderazgo compasivo en una crisis

Cuatro cualidades (conciencia, vulnerabilidad, empatía y compasión) son fundamentales para que los líderes empresariales se preocupen por las personas en crisis y preparen el escenario para la recuperación empresarial.

¿Que estás sintiendo?

Es la pregunta más simple, pero en el transcurso de unos pocos meses ha dejado a innumerables personas en este planeta balbuceando por una respuesta. Los efectos desorientadores del COVID-19 en nuestra vida diaria, en la salud global y en la actividad económica han abrumado emocionalmente a las personas de tal manera que responder a una pregunta tan inocente provoca una sobrecarga que dificulta la articulación. No es de extrañar que en una encuesta reciente casi la mitad de los encuestados afirmaron que la pandemia ha tenido un impacto negativo en su salud mental.

Una “crisis a escala de paisaje” como COVID-19 despoja al liderazgo de su elemento más fundamental: hacer una diferencia positiva en la vida de las personas. Como ha señalado nuestra investigación, un imperativo para los líderes en esos momentos es demostrar un liderazgo compasivo y Haga que el tratamiento de la tragedia humana que se desarrolla sea la primera prioridad.

Numerosos estudios muestran que en un entorno de negocios como siempre, los líderes compasivos se desempeñan mejor y fomentan una mayor lealtad y compromiso por parte de sus equipos. Sin embargo, la compasión se vuelve especialmente crítica durante una crisis. Si bien los primeros días de una crisis pueden parecer el momento para que los líderes agachen la cabeza y demuestren el control, es igualmente fundamental sintonizarse con los miedos y ansiedades personales para poder volverse hacia afuera y ayudar a los empleados y colegas a lidiar con sus propias reacciones. Esto no es fácil, pero esta introspección y proyección de la atención es fundamental para conectar y abordar las necesidades inmediatas de las personas y preparar el escenario para la recuperación empresarial.

El costo psicológico y comercial de las crisis a escala de paisaje

Una crisis puede desencadenar una variedad de respuestas fisiológicas y psicológicas que incluyen una mayor sensibilidad y angustia. Las crisis a escala de paisaje también pueden crear respuestas de trauma a gran escala, ya que los miedos colectivos y las amenazas existenciales alteran el equilibrio y el aislamiento social debilita los vínculos que normalmente brindan apoyo emocional. El pánico colectivo puede provocar una respuesta de “fuga y afiliación” en la que las personas buscan lugares y contactos familiares. Resurgen traumas anteriores. La pérdida de la sensación de seguridad y normalidad puede desencadenar dolor y, con él, sentimientos de conmoción, negación, ira y depresión.

En tales circunstancias, demostrar un liderazgo muy visible y solidario se vuelve aún más importante. Paradójicamente, esto también ocurre cuando los líderes están predispuestos a ocuparse con reuniones urgentes y problemas operativos, provocados en parte por la situación y exacerbados por sus propios temores subyacentes de vulnerabilidad que los desplazan hacia la autoconservación y el deseo de mantener el control.

La incapacidad para lidiar con el estrés y el trauma puede cobrar un precio humano en las personas y presagiar consecuencias nefastas para las organizaciones. Una organización sumida en el miedo colectivo y centrada en el control no dará rienda suelta a la creatividad y la innovación necesarias para sortear una crisis y emerger sana del otro lado.

Descubrimos que cuatro cualidades pueden mitigar estas tendencias naturales y ayudar a los líderes a encontrar la voz compasiva para manejar una crisis y guiar a su organización hacia la siguiente normalidad posterior a la crisis. Empiece por crear espacio para lograr una conciencia más aguda de lo que está sucediendo dentro y alrededor de usted. Sea audaz al exhibir vulnerabilidad bajando la guardia y enfrentando lo que está sucediendo. Demuestre empatía para aprovechar mejor las emociones que los demás sienten y actúe con compasión para que las personas y los grupos se sientan genuinamente cuidados. Cultive estas cualidades de manera equilibrada, primero sintonizándose hacia adentro para comprender e integrar sus propias emociones y miedos, y luego volviéndose hacia afuera para aliviar el dolor, apoyar a los demás y, con el tiempo, permitir que las personas y el negocio se recuperen.

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