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El ahora de las mujeres líderes

Carolyn Robert, Representante del BID en Chile.

Miles de líderes chilenas han contribuido a tejer, nutrir y fortalecer la historia del país. Desde Candelaria Pérez, heroína en la Guerra de Confederación Perú-Boliviana, a Eloísa Díaz Insunza, la primera mujer médico de América del Sur, a Adriana Olguín, primera mujer ministra en la región; pasando por María Teresa Ruiz, premiada astrofísica, a Elena Caffarena, acérrima luchadora de los derechos de la mujer, entre tantas otras. La visión, ímpetu, pasión, creatividad y compromiso de las chilenas han impulsado el progreso y desarrollo de Chile. Sin embargo, la subrepresentación femenina en puestos de liderazgo, aquí y en la región, persiste. ¿Por qué es importante cambiar esto? La respuesta es sencilla: el aporte de las mujeres cuando están en puestos de liderazgo lleva a un mayor crecimiento de las economías y las empresas y el fortalecimiento de instituciones vitales de la sociedad.

Chile ha realizado grandes avances. En dos ocasiones, los chilenos eligieron, en votaciones democráticas, a una presidenta. Actualmente, las mujeres lideran más del 30% de los ministros, posicionando a Chile por encima del promedio en la región y en las empresas del Sistema de Empresas Públicas (SEP), 40% de los directores son mujeres. Sin embargo, otras cifras llevan a la reflexión. Chile es el octavo país con menor participación laboral femenina y el quinto con mayor brecha salarial de las naciones de la OCDE. Las mujeres en Chile, como en toda la región, siguen enfrentando de manera significativa el llamado “techo de cristal”, esas barreras formales e informales que limitan su avance a posiciones de poder.

¿Cómo podemos impulsar un mayor progreso?

Primero, es imprescindible consolidar el compromiso de las instituciones públicas y privadas con el liderazgo femenino, así como crear nuevas alianzas entre ambas esferas. Un buen ejemplo son las iniciativas de paridad de género, alianzas público-privadas promovidas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Foro Económico Mundial, que tienen como propósito impulsar la participación laboral de las mujeres, su liderazgo en la toma de decisiones y el cierre de la brecha salarial. En 2016, con la creación del Grupo de Liderazgo, conformado por empresarios, altos representantes de gobierno y de la sociedad civil, Chile se convirtió en el primer país de América Latina y El Caribe en implementar la iniciativa. A un año de su lanzamiento, más de 100 empresas concretaron su adhesión al proyecto y asumieron el compromiso de implementar acciones concretas para el cierre de la brecha económica de género.

Segundo, debemos desarrollar iniciativas creativas y de alto impacto para crear una masa importante de mujeres preparadas para asumir los cargos de liderazgo. Un ejemplo es el Programa “Mujeres Líderes Emergentes del Sector Público”, cuyo objetivo es potenciar y visibilizar el liderazgo de las mujeres en este ámbito, brindándoles herramientas para que puedan superar con éxito los desafíos que suelen enfrentar como líderes en sus instituciones. El Programa, liderado por el BID, se ha realizado en República Dominicana y Panamá y en 2018, será impartido en Perú.

Por último, es necesario sumar fuerzas tanto con hombres como mujeres influyentes para avanzar la agenda de equidad en las empresas y en las instituciones públicas. Las mujeres líderes de hoy tienen una responsabilidad especial de impulsar a las que vienen detrás para avanzar hacia los cargos de poder. Los hombres líderes también tienen que jugar un rol activo como colegas, mentores y promotores de esta nueva generación.

Una mayor participación de mujeres en los altos mandos se traduce en beneficios tanto para las empresas privadas como la administración pública. Se ha observado que las compañías con mujeres en sus juntas directivas reciben un mayor retorno de capital. Una mayor diversidad de género en los grupos de liderazgo de las empresas se traduce en una gama más amplia de talentos, perspectivas y una mejor comprensión del comportamiento del consumidor. En el ámbito público, una mayor diversidad en los cargos de dirección aumenta la probabilidad que los intereses y necesidades de las mujeres estén representados, ya que sus perspectivas sobre la asignación de recursos y las prioridades legislativas suelen variar en cuanto a las de los hombres.

Vía La Tercera

* PROhumana también lidera una iniciativa en esta dirección llamada Alianza por el Género,  un espacio colaborativo para generar un Chile con más Equidad de Género al 2020.