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Cómo trabajar la igualdad desde la comunicación en la empresa

Por Leyre Romero y Pedro Olazabal

Muchos son los elementos que se pueden cambiar en la comunicación corporativa que contribuyen de manera directa y efectiva a la consecución de la Igualdad real entre hombres y mujeres.

La pedagogía sobre el uso responsable del lenguaje está presente tanto en el ámbito educativo como el profesional. Desde la escuela infantil a la universidad y de ahí, a la oficina. El fomento de su riqueza, precisión, adaptación a los cambios sociales, a la modernidad es valorado tanto en ámbitos formales e informales ya que el lenguaje es crucial en el proceso de socialización.

Su estela deja patente, entre otras cosas, los valores del emisor. Y es que el lenguaje es determinado por nuestra forma de pensar y entender el mundo que nos rodea y él, a su vez, influye en nuestra forma de comportarnos y relacionamos. Teniendo esto en cuenta, parece lógico pensar en la comunicación como instrumento transformador de la realidad esencial para la educación en valores.

En este sentido desde la perspectiva de género se entiende que, según el uso que se haga del lenguaje, el emisor contribuirá a luchar contra la desigualdad creada a partir de patrones culturales sobre los roles del hombre y la mujer o, al contrario, agudizarla reforzando los estereotipos. La elección de expresarse de una manera no discriminatoria e inclusiva favorecerá el camino hacia una igualdad real de oportunidades entre mujeres y hombres donde no prevalecerá el reconocimiento ni el estatus de unos sobre otros.

La empresa, en su rol de agente de cambio social, debe asumir su responsabilidad en la construcción de este camino y tener en cuenta ciertos criterios en su comunicación escrita, oral e iconográfica.

Respecto a la comunicación escrita y oral la clave radica en corregir el enfoque andocéntrico, aquel centrado el hombre. En esta línea se recomienda asegurar constantemente la visibilidad de las mujeres mostrando su competencia, éxitos y responsabilidades en el ámbito laboral, social y político. Por otro lado, debe referirse a la participación de hombres y mujeres en actividades familiares, domésticas, recreativas y deportivas. Para llevar a cabo una comunicación cristalina sin cargas machistas es imprescindible evitar la subordinación de las mujeres siendo nombradas con cargos o denominaciones masculinizadas o como categoría aparte y eludir los juicios de valor o adjetivaciones asociadas a ellas.

Respecto a la comunicación iconográfica, se trata de romper con los estereotipos a través de la representación gráfica equilibrada, diversa y plural de ambos géneros tanto en ámbitos públicos como en privados y en frecuencia de aparición. Hay que huir de las representación de los hombres como únicos sujetos de acción y de las mujeres como agentes pasivos.

Es indispensable que en el entorno corporativo se destinen esfuerzos para construir referencias equilibradas tanto de hombres como de mujeres que contribuyan a mostrar la realidad de la sociedad de manera más justa y armónica.

VÍA/DIARIORESPONSABLE