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“Todo parte con un gran sueño”: la inclusión de la mujer versus la muñeca inflable

Por Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva de PROhumana

“Todo parte con un gran sueño”, esta fue la convocatoria de Asexma este año 2016, y no puedo dejar de preguntarme cuál es el gran sueño que tienen para la integración de la mujer en el mundo laboral, cuando además Chile rankea en el lugar 70, entre 144 países en el Global Gender Report 2016 del World Economic Forum.

Perplejidad se queda corta para describir mi preocupación y malestar por lo ocurrido con la muñeca que regalaron en Asexma. Un gran NO sueño de líderes empresariales y políticos, que muestran cero respeto por el 50% de la población de este país, al prestarse para un hecho tan bochornoso como el dejarse fotografiar batiendo sus mandíbulas, felices y forradas de discriminación y comportamiento sexista y misógino.

Al comentar lo ocurrido fui observando que primaba un gran estupor y profundo malestar por lo ocurrido. En efecto, para referirse a lo sucedido algunos ocuparon términos como feroz o comentaron que el regalo era machista, vulgar e imbécil.

Ayer me llamaba uno de los hombres que estuvo detrás del comité creativo del regalo y me pedía disculpas, producto de que yo había vertido mi opinión en las redes sociales, y el mismo comentaba: “Te juro que no lo vimos, no nos dimos cuenta, quisimos decir que se debía tratar a la economía de una forma parecida a cómo se trata a la mujer, de un modo amoroso, con seducción, para así generar crecimiento en Chile”.

Me pregunto, ya con menos sorpresa e influenciada por distintas perspectivas de lo ocurrido: ¿qué les pasó y qué nos pasa como sociedad? ¿Es que todo ese grupo de personas que decidió ese regalo son imbéciles y los que aplaudieron el regalo también lo son? O, aún peor, ¿los que se fotografiaron junto a la muñeca realmente son unos imbéciles?

Pero, siendo muy honesta, no puedo creer que nuestra capacidad de pensamiento crítico y reflexivo sea tan básica en Chile, y que está situación no se hubiera parado a tiempo, y que nadie increpara al señor Fantuzzi respecto de que lo que hacía era inapropiado; o que a nadie de las 1.500 personas que estaban en esa cena le haya parecido inapropiado.

¿Tanto miedo tenemos los chilenos o son tantas las máscaras detrás de las cuales nos escondemos, que nadie exclamó “no, señores, esto es incorrecto”?

Y no quiero olvidar que este hecho no fue solo repudiado en Chile, sino que fuimos cubiertos por medios internacionales. Qué horror la imagen país que ofrecimos en los pasados días, y especialmente la de un grupo de líderes hombres del mundo político y empresarial.

No me cabe duda, y apuesto mi cabeza, que existe un gran número de chilenos y también mujeres, que consideran que todo este revuelo es una exageración. Y sí, claro, el hecho es pequeño, y no tenemos que ser tan tontos graves. Pero el problema es más profundo.

Lo que más me preocupa de lo ocurrido, es lo que no vemos, no distinguimos, no filtramos, no exigimos, no discriminamos. Por eso mismo y nada menos que The Guardian y El País lo mencionaron ayer. ¿Será que los ingleses y los españoles no tienen nada que publicar como para considerar que la muñeca es un tema a cubrir?

Según el ministro y los líderes políticos involucrados, toda esta situación los tomó por sorpresa y por eso no fueron capaces de reaccionar. Esa es la disculpa. ¿Qué es lo que no están considerando estos caballeros y que finalmente no están reconociendo?

Yo creo que este un país profundamente poco empático y por eso no confiamos en casi nadie. Es un país terriblemente discriminador, ya sea con las mujeres, con los inmigrantes, con personas no heterosexuales, y con una larga lista que continúa.

Esa es la gran herida que no hemos sanado y reconocido: que esta sociedad –la nuestra– es profundamente no incluyente y por eso tenemos miedo de ser en libertad y dignidad.

Esta situación es la que me preocupa. Y por eso lo ocurrido en Asexma me violenta y me duele, pues es una fotografía perfecta de la discriminación que vive un gran número de compatriotas en nuestro país.

Por último, lo que más me inquieta, es que esto que ocurrió pasará al recuerdo y nuestra sociedad no habrá cambiado. Por eso creo que sanciones, acciones y declaraciones honestas y con coraje se necesitan en este país con profunda urgencia.

 

Columna publicada en El Mostrador Mercados