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Responsabilidad Social y el apoyo a la cultura

Fuente: Equipo PROhumana

Hablar de responsabilidad social y apoyo a la cultura puede tener un claro componente de filantropía, mecenazgo y otras connotaciones no sólo conceptuales sino también sobre el tipo de relación que se establece entre donante y receptor. Hay quienes tienden a creer que referirse a cultura es sinónimo de diversidad de expresiones artísticas y plásticas en un grupo humano. En ocasiones, esto ha llevado a creer y acuñar expresiones tales como “no tiene cultura”, “inculta(o)”, entre otras, las cuales denotarían que la persona estaría más o menos cerca del conocimiento o manejo de información actualizada sobre tal o cual tema o situación.

 

Ahora bien, desde una perspectiva antropológica el tema de la cultura abarca una serie más compleja de aspectos que son propios de una agrupación de individuos. Así el término “cultura” se refiere a aquellas ideas, lenguajes, símbolos, expresiones, creencias y valores compartidos por los miembros de dicha comunidad incluidas sus expresiones y manifestaciones artísticas.

 

Por lo tanto hablar de apoyo a la cultura en sentido estricto se refiere a lo anunciado en el párrafo anterior. No obstante, esta constatación nos lleva a preguntarnos ¿de qué se habla cuando se plantea que la responsabilidad social de una empresa es apoyar la cultura? Si bien la respuesta tiene muchos vericuetos es posible detectar al menos algunos aspectos.

 

Primero, en Chile existe una vasta trayectoria de personas que han auspiciado iniciativas con recursos económicos o humanos con la finalidad de acercar actividades o expresiones artísticas al resto de los ciudadanos. Cabe señalar que el Conservatorio de Música no hubiese sido posible que se creara durante el siglo XIX sin mediar la filantropía privada así como muchos museos, salas de arte, talleres artísticos, teatro, cine, entre otros.

 

Segundo, si bien el aporte privado siempre será un buen signo éste en ocasiones requiere determinados estímulos para expresarse. Es éste el espíritu de incentivos tributarios que se otorga a las empresas para aportar a la cultura. La Ley de donaciones con fines culturales 18.985 que existe en Chile desde 1990 promueve donaciones a actividades específicas culturales o artísticas que se realicen en un tiempo determinado que no exceda los dos años. Más allá de sus aspectos de procedimiento, ha tenido una buena acogida en diversos actores de la realidad nacional y aparece como una herramienta útil y expedita aunque aún requiere ser perfeccionada, según algunos usuarios.

 

Más allá del debate propio de una ley como ésta, existe un tercer aspecto que se refiere a en qué tipo de actividades se dona, qué aporte reciben aquellas colectividades de artistas que aún no forman parte de una elite, pero que tienen un enorme potencial de desarrollo y emprendimiento, aun cuando carecen de recursos; cuánto impacta el aporte privado de los asistentes, es decir por concepto de taquilla; cómo estimular el aporte empresarial para iniciativas que existen fuera de la capital; es decir cómo contribuir a aumentar el capital social en nuestro país.

 

Por último, actividades consideradas como “marginales”, “populares”, “alternativas” también son parte de nuestra cultura, son parte de la creación que tiene fuentes de expresión propia, son parte de corrientes y movimientos artísticos que requieren ser apoyados. Sólo así la responsabilidad social puede contribuir con la inclusión social de muchas personas que interactúan, crean y creen en una sociedad que reconoce la diversidad y pluralidad de visiones, opiniones y expresiones artísticas que existen en nuestra cultura y también en la de los pueblos originarios, tales como mapuches, pehuenches, atacameños, entre otros.